Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Ideología con mezquindad

La bancada de diputados del Frente Amplio resolvió eliminar a las universidades privadas de la lista de beneficiarios de donaciones con recursos tributarios.

La bancada de diputados del Frente Amplio resolvió eliminar a las universidades privadas de la lista de beneficiarios de donaciones con recursos tributarios.

Esto ocurrió en el medio de un catereté, muy publicitado, protagonizado por los aludidos legisladores y el Poder Ejecutivo, al haber descubierto, ambos, lo que es gobernar cuando no hay plata para tirar a los cuatro costados.

La medida, tomada en el contexto de la Rendición de Cuentas, es claramente absurda, ya que ni soluciona nada, ni significa fiscalmente nada. A nivel del presupuesto y de los agujeros que deben llenar, son maníes. Pero además, ni siquiera es un ahorro, al quedar todo el resto del listado de beneficiarios, que podrán suplantar a las universidades perseguidas, en el ánimo de esos contribuyentes que quieren ver por lo menos algo de su plata destinada a instituciones que la gastan bien.

Lo cual hace que la decisión de los diputados frentistas sea doblemente indignante. Después de haber apoyado el despilfarro más grande de la historia del Uruguay a manos de sus correligionarios en el directorio de Ancap, se la agarran con las universidades privadas, buscando hacerles daño por un millón y medio de dólares. De paso, vale aclarar, (contra lo manifestado por algunos de los legisladores frentistas), que no se trata de una exoneración tributaria, ni constituye beneficio alguno para el donante. Este paga sus impuestos y, además, pone de su bolsillo. El Fisco lo único que hace es permitir que el contribuyente elija un destino para una pequeña parte de lo tributado.

Preguntados por qué se tomaban esa pequeña (y estéril), venganza, la respuesta fue: POR IDEOLOGÍA.

Sin duda, ideología. Pero envuelta en una mezquindad nunca vista.

Cierto es que algunos diputados dijeron no sentirse muy felices con el asunto y el ministro de Economía manifestó no acompañar. Pero no es menos cierto que la bancada lo aprobó en forma unánime (como le gustaba a Lenin).

La mezquindad quizás pase -ojalá, para preservar algo de dignidad. Pero la ideología quedará. Está ahí, en los tuétanos del Frente. Es muy fuerte. Tan fuerte que le hizo tragar la mezquindad a todos los diputados y aun al representante del MEF.

Ideología que tiene la convicción maniquea de creer que la educación pública es un derecho, al tiempo que la privada constituye un privilegio. Cegada por el dogma de la igualdad, cocinado en el caldo de la envidia, no consigue entender que toda educación -si es buena- revierte en bien de la sociedad. Venga de donde venga. Pero, además, que si esa sociedad sufre un cáncer por el pésimo estado de su enseñanza pública, torpedear la privada solo hará que el problema se agrave.

Esa obsesión por la igualdad no es fruto del amor por los pobres, sino de la envidia y aun el odio hacia los ricos. No es el camino de la excelencia, son las barreras para que nadie descuelle.

Al igual que no se ganan las vueltas ciclistas en el pelotón, las sociedades progresan por los que despegan, los que hacen punta. ¿Acaso va a mejorar la Udelar si los diputados frentistas consiguen el objetivo de hundirle la boya a las universidades privadas? ¿Acaso no alcanzan a ver que todo el Uruguay, incluso la Universidad de la República, ha mejorado con la aparición de otras universidades?

Hay un solo camino para procurar la igualdad material: usar la fuerza, sea física, sea jurídica. La naturaleza humana, que incluye la libertad, produce de por sí diferencias. Ello no significa que todo ejercicio de la libertad sea virtuoso, ni que toda diferencia sea buena. Pero sí significa que solo se reducen las diferencias por la vía de acotar la libertad y es muy difícil, cuando no imposible, eliminarlas, nivelando hacia arriba. El camino de la igualdad va en el sentido inverso al de la libertad. Puede ser conveniente y aun necesario exigir sacrificios de libertad, pero hay que ser muy cuidadosos y muy respetuosos a la hora de arrogarse la autoridad para imponerlos. Cuando se hace con espíritu pequeño, los resultados son muy negativos y si eso es lo corriente, absolutamente desastrosos.

En el episodio de marras esa ideología mostró lo peor de su rostro, pero a no engañarse: no fue una anomalía. Apenas una aberración de algo real y muy común. Esa misma mentalidad está detrás de otras iniciativas, como la invasión de la intimidad de las personas, el escarbar en sus vidas, sus tarjetas de crédito, los clubes que frecuentan, los colegios a los que envían a sus hijos, qué autos compran, etc.

Gran Igualador y Gran Hermano son dos caras de un mismo fenómeno. De una misma ideología. Que el Frente está aplicando, férrea y sistemáticamente.

Ante la pasividad del resto del sistema político y de la mayoría de la sociedad civil.


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