Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

El Frente pierde la elección

Cierto es que en política las cosas pueden cambiar y mucho. Miren si no la sorpresa del NO colombiano.

Cierto es que en política las cosas pueden cambiar y mucho. Miren si no la sorpresa del NO colombiano.

Pero hoy, hoy, el Frente Amplio tiene la elección perdida:

-Está gastado y desgastado.

-Está viejo y dirigido por viejos.

-Es demasiado ineficiente. Ya no sólo para hacer (se nos va otro período sin que pase nada en la educación, la salud, la seguridad, la infraestructura, la basura…), sino que es incapaz hasta de no dejar hacer, como lo demuestra la novela cómica de la persecución a Uber.

-Perdió contacto con la realidad: cree que las fonoeléctricas presidenciales al interior lo acercan al mundo real, que las recomendaciones de lecturas hechas por el PIT lo iluminarán acerca de la economía del siglo XXI, que los reyes magos son chinos y finlandeses y que el ideal para manejarse en el mundo es malquistarse primero con Brasil.

-Está infectado con el virus de ideologías viejas, voluntaristas y utópicas, frecuentemente permeadas de soberbia e inquinas.

-Lo atenazan las corporaciones y se va consumiendo en el abrazo de intereses sectoriales, enconadamente conservadores.

Nada de esto pinta para cambiar, como tampoco se espera que el presidente intente una renovación, ni de agenda, (aparentemente absorbida por decidir los lugares en el avión de las comitivas presidenciales), ni, mucho menos, de protagonistas.

¿Qué deberían hacer los partidos de oposición frente a esa realidad actual y probabilidad futura?

No tanto para ganar las elecciones, porque será el propio Frente Amplio quien asegure ese desenlace, sino para el día después: para gobernar.

Para responder adecuadamente la pregunta, hay que imaginar cómo será la realidad que tocará al próximo gobierno. A esta altura, hay algunas cosas que no es difícil predecir:

-Económicamente no habrá crisis y es posible que los desvíos en inflación, déficit fiscal y endeudamiento no sean dramáticos, (pero sí reales).

-Instituciones relativamente desvalorizadas. (algunas más, como el Parlamento y la policía, otras menos).

-Sociedad carente de un cuerpo sólido y compartido de valores que la sustente en su convivencia y le permita aceptar muchas medidas duras, o simplemente los deberes y sacrificios propios de la vida en este mundo.

-Una subcultura fuertemente arraigada, con contenidos nostálgicos, conservadores e igualitarios, y con muchísimas más expectativas que afinidad por el esfuerzo y el riesgo.

-Un corporativismo, minoritario en número, pero pertrechado y atrincherado, convencido de su éxito y consciente de su poder, que se resistirá a todo cambio y aún a lo que no lo sea pero provenga de los partidos políticos a quienes detestan (u odian).

-Avanzado deterioro en actividades básicas cómo la seguridad, la educación y la salud.

-Un aparato estatal incapaz de ir al encuentro de los problemas y las actividades que le han encomendado.

-Una realidad de fractura social, por lo menos en Montevideo, con marginalidad creciente y muy endurecida.

-Una realidad económica no crítica quizás, pero en la que los reclamos sobrepasarán los recursos y la productividad continuará pero debajo de los niveles de competitividad necesarios para poder crecer.

-Enmarcando todo esto, una realidad política: quien resulte beneficiado por el fracaso del Frente no llegará al gobierno con una mayoría arrolladora.

¿Cómo hacer entonces para gobernar (no para hacer la plancha)?

Algunas respuestas son bastante obvias, como el tener claras las metas y rodearse de un equipo sólido. Pero eso refiere a más adelante. ¿Qué se puede (o se debe), ir haciendo ya?

Yo estoy convencido que se debe ir procurando desde ahora el tener un mandato claro de la gente y para ello hay que decirle la verdad. Sin perder la ilusión, claro está, pero con un discurso realista: que ofrezca ideas, sí, pero que sólo prometa esfuerzos y, lo más importante, no permita engaños ni falsas expectativas.

Una mayoría flaca sin un mandato claro anclado en la realidad, puede ser la receta de un estrepitoso fracaso.

El Frente se va a encargar de que el Partido Nacional llegue al gobierno. El Partido Nacional debe encargarse de gobernar y para ello, la preparación tiene que comenzar ya.

Por último, y sin que se interprete como una burla, perder le vendrá muy bien al propio Frente Amplio. Es la única forma en que pueda detener su deterioro y renovarse, para bien del país. Más de lo mismo no parece ser un escenario realista a mediano y largo plazo.

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