Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Firmar o no firmar

El referéndum contra la LUC. Ya se ha hablado mucho sobre esto y preparémonos, porque se va a hablar muchísimo más. En su mayoría serán argumentos efectistas, muchos directamente truchos, por lo que viene bien poner las cosas en claro.

Se trata de un mecanismo previsto en la Constitución que permite a la ciudadanía pronunciarse por la derogación de una ley. Ni más, ni menos.

O sea, no es una herramienta de protesta, ni un mecanismo de censura a un gobierno, ni un instrumento de juego político. Para esas cosas hay otros mecanismos.

Entonces, quienes inviten a la gente a firmar por estos motivos, o por cualquier otro que no sea el contenido concreto de los artículos bajo referéndum, le está mintiendo y quien firme por esos motivos truchos, estará abusando de sus derechos ciudadanos y actuando de manera deshonesta.

La firma refiere pura y exclusivamente a los artículos que se propone impugnar.

Lo que aterriza el asunto violentamente, porque se propone la derogación de 135 artículos vinculados, además, a una variedad de temas, muy distintos entre sí.

Jamás en la historia del país se ha planteado tamaño disparate.

Recordar la génesis de cómo se gestó esta iniciativa revela el porqué de la cosa.

Fue el PIT quien resolvió que había que enfrentar al gobierno derogando “algo” de la LUC ¿Qué cosas? Cualquier cosa. Da lo mismo. Algo había que derogar. Y así empujaron -literalmente- la idea. Enfrentar, revolcar, derogar. Después se verá qué. No interesa el contenido de la LUC y si los artículos, (sea los que al final se elijan o los otros), son buenos o malos: segual.

Con esa propuesta fueron a presionar al Frente. Porque al PIT tampoco le importó (un PITo), el hecho de que su brazo político hubiera votado favorablemente muchos de los artículos que piensan voltear. Da igual lo que se derogue o no y da igual lo que haya hecho en el parlamento el ala política del movimiento. Aquí manda el PIT.

También da igual lo que sea bueno para la gente, si no le sirve políticamente al PIT.

Esto obliga a una reflexión adicional, que se suma al disparate sobre el fondo y a la despreocupación del Frente por las instituciones y por el bien común, (sin considerar su total pérdida de dignidad) y es la revelación de la verdadera naturaleza del Pit-Cnt: no son un sindicato, su objetivo no es la defensa de los trabajadores en sus intereses concretos.

Con esta movida terminaron por sacarse la careta: son un movimiento político cuyo fin es el poder.

Para muchos, no es novedad, como tampoco lo es el verdadero motivo por el cual la central defiende la negociación tripartita: le da poder político. Con esta movida perdieron todo remilgo. Como les dijo Wilson en 1971, (lo presencié): ”sepan que, como están actuando, van a recibir el trato de partido político derrotado”.

Eso mismo es lo que hay que recordarles hoy. Atropellan una institución constitucional buscando golpear al gobierno de forma oblicua y anticonstitucional. Cuando fracasen deben ser tratados políticamente y los afiliados al Pit-Cnt, que están siendo manipulados por sus dirigentes, deben saber -hoy- que acaban de ser dejados a la intemperie política, por culpa de aquéllos.

A los dirigentes hay que advertirles que su organización pasará a regirse por las mismas normas, (jurídicas y éticas), que rigen a los partidos políticos.

De paso, a partir de la forma, esta vez desembozada, en que el Pit-Cnt se lo puso en el bolsillo, no está de más sugerirle a la dirigencia del FA que piense si no son una duplicación inútil de representación política.

En cuanto al ciudadano, recordarle que todos los argumentos genéricos, (“no tuvimos tiempo de estudiarlo”, “la LUC es antidemocrática”, “el pueblo tiene derecho a protestar”, etc.,), son truchos. Moralmente sólo se justifica firmar dentro del marco constitucional: si creo que los artículos en cuestión son nocivos o negativos. En este caso, si los 135 lo son, porque tampoco se justifica tirar todo abajo por algunos que puedan no gustarme.

Asimismo, antes de firmar hay que tener presente que si se llegara a derogar esa cantidad de artículos, los efectos jurídicos, sin ir más lejos en términos de incertidumbre jurídica, serían enormes. Ni siquiera significará volver para atrás, (¿es eso lo que se quiere?), sino desembocar en un vacío jurídico muy complicado, abierto a todo tipo de conflicto.

El país no está para estos jueguitos políticos. Malos perdedores. Cargados de odio porque perdieron el poder. Que creen es de su propiedad.

No hay que prestarse a su juego.

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