Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Desafíos vitales

A qué esperas, querido lector, un artículo referido a temas económicos? Un economista indio comentaba lo irónico que resulta, habiendo fracasado rápida y concluyentemente en sus teorías económicas, como Marx es reivindicado por nosotros que terminamos mirando todo con ojos económicos, (cuando no materialistas).

A qué esperas, querido lector, un artículo referido a temas económicos? Un economista indio comentaba lo irónico que resulta, habiendo fracasado rápida y concluyentemente en sus teorías económicas, como Marx es reivindicado por nosotros que terminamos mirando todo con ojos económicos, (cuando no materialistas).

Pues no, no me voy a referir a los desafíos económicos que enfrentará quien gane las elecciones: crecimiento debilitado, baja productividad, excesos y rigideces fiscales, precios con sostenida tendencia alcista, pésima formación de capital humano, infraestructura vieja y carenciada… No faltarán desafíos económicos pero tampoco quienes hablan de ellos.
En cambio, hay otros campos con desafíos tan o más importantes, sin que ocupen el lugar debido en la pantalla de gobernantes y votantes.
Cuatro grandes áreas, que no agotaré en este breve artículo:

1ª – Estrictamente política.
2ª – Institucional
3ª – Social
4ª – Cultural
Propiamente, todas son parte de una sola realidad, tocándose e interactuando entre sí, pero es útil distinguirlas para su mejor comprensión. Sobre todo en algún caso, como lo cultural y lo político, donde se discute cuál es causa y cuál consecuencia.
Empecemos por los desafíos netamente políticos.

El primero y más importante se llama gobernabilidad. Ya está claro que, gane quien gane, no tendrá mayorías parlamentarias y gobernar en minoría es particularmente difícil. Lo digo con pleno conocimiento de causa.

El desafío se verá agravado, además, por ciertos factores específicos:
1º. Hace casi diez años que vivimos en un régimen no sólo de mayorías parlamentarias, sino con un uso cuasi totalitario de las mismas. Eso, como suele ocurrir a la naturaleza humana, tiende a generar hábitos. Malos hábitos. Se tiende a perder ese mix de humildad, paciencia, tolerancia, perspectiva y perseverancia, esencial para gobernar desde una minoría, con todo lo que implica de negociar y transar.

2º. Para mi sorpresa, una encuesta reciente revela que la mayoría de los uruguayos no querrían que el ganador de las próximas elecciones obtenga mayoría parlamentaria. Vamos a ver si después, cuando sea espectador del desgaste y la medianía que genera la democracia negociada, no cambia la óptica y pasa al dedo acusador de los pactos y las componendas.

Una de las debilidades propias de la Democracia es precisamente ésa: al basarse sobre el consenso rara vez presenta un rostro muy definido y, menos aún, heróico. Más bien tiende a dejar insatisfechos a Tirios y Troyanos.

3º. Si bien no hemos caído en los extremos de animosidad y dureza que uno ve en la política de otros países, donde los adversarios son enemigos y el discurso rara vez es de diálogo, las posiciones en nuestra política se han ido endureciendo, polarizando.

Estas cosas rara vez son culpa de uno sólo de los protagonistas, pero no puede dejar de señalarse que mucha de la rispidez y animosidad vienen del discurso de la izquierda. No toda ella. Pero sí, notoriamente,su ala más ideologizada, casi coextensiva con la sindical, desde donde parte el discurso más duro, más cargado de odio y más poblado de categorías y lugares comunes, tan agresivos como anticuados: “la derecha”, “los neoliberales”, “la clase opresora o enemiga…” etc., todo un arsenal de epítetos.

La incógnita es si los dirigentes (políticos y sindicales) buscarán evitar caer presos de esas actitudes para poder gobernar y dar gobernabilidad. En eso, la posición asumida – y mantenida con gran firmeza – por Luis Lacalle resulta una sorpresa tan positiva como agradable (e inteligente). Su éxito puede torcer la mano negativa y hacer que la pulseada caiga en definitiva del lado positivo. Ojalá.

4º. Ciertas características de la realidad, como la de una frazada económica que se va acortando y ciertas necesidades apremiantes, como la inseguridad y el fracaso de la educación, también pueden operar como dificultades adicionales. Por un lado habrá menos recursos para contener expectativas muy infladas y por otro, es difícil imaginar que la seguridad y la educación puedan encararse bien con medias tintas.
El otro gran desafío político está en la gente. Mejor dicho: en la falta de gente. Ni la Democracia, ni el Estado compiten hoy en atractivo, con las opciones en el campo privado. Pocos y entre los jóvenes, muy pocos, sienten el atractivo del servicio a través de la política y para gobernar se necesita contar con talentos y con dedicación.

En el próximo artículo me referiré a los desafíos institucionales. Aún más serios y trascendentes.

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