Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Conocés a Juan?

Se ha convertido en el centro de la atención pública de la vida política nacional.

Hay que admitir que esto del mentado Juan Sartori -hijo- llama la atención.

Por lo raro. Pero no puede decirse que tenga el contenido y la envergadura como para ser el centro de los temas que deban concitar la atención (y la preocupación) de la gente en nuestro país.

No es que no se hable políticamente de otra cosa: siempre está Raúl Sendic, por supuesto. Otro fenómeno episódico e intrascendente si los hay.

Últimamente, también tenemos en el foco de la atención la recuperación política del Dr. Sanguinetti. Ni qué hablar que no cabe equipararlo a los otros dos en cuanto a trayectoria, pero tampoco puede ser que el eje político del Uruguay, a esta altura del campeonato, pase por un señor, muy capaz y respetabilísimo, pero de una edad como para cantar en el Conrad.

A dúo con José Mujica, último de los grandes focos de atención política en los tiempos que corren.

¿Será que estamos tan bien que ninguna otra cosa despierta nuestro interés, nuestras inquietudes?

Falta un año y algunas monedas para las próximas elecciones. Tal parece como que fuera un episodio de poca trascendencia: una eleccioncita más ¿qué importa? Como vino se irá. ¿No da la cosa como para que nos la tomemos en serio?

El mundo, al menos el que llamábamos occidental, está dando numerosas muestras de descomposición en sus sistemas democráticos. Algunos politólogos hablan de “diabetes de la democracia”, queriendo significar que, si aún no está en crisis, sufre sí un estado avanzado y creciente de deterioro.

Y lo más frecuente es que la enfermedad de la Democracia se manifiesta primero como indiferencia.

Los temas nacionales son vistos como complejos y lejanos y los actores democráticos: gobernantes, políticos, burócratas, como más lejanos aún y como rematadamente incapaces.

De la indiferencia al rechazo hay una corta distancia y para llegar de ahí a la bronca (al Brexit, a Trump y a Bolsonaro), basta con la chispa de una crisis económica o moral.

El Juan que debemos ponernos a conocer, el Juan que debe concitar nuestra atención y generarnos preocupación, es Juan Pueblo.

Políticamente estamos viviendo una suerte de calma engañosa, de las que se dan antes de las tormentas.

No parece haber conciencia en Juan Pueblo del grado de deterioro en el que está cayendo la convivencia social en el Uruguay y con ella la Democracia, que debe encuadrarla.

Quizás sea que estamos mirando solo lo económico (y aun así, con un solo ojo), o peor, quizás estamos jugando otra vez al deporte nacional de compararnos con los vecinos y nos consolamos pensando que no estamos tan mal.

Frente a ese panorama, los formadores de opinión y pienso no solo en los políticos, no parecen capaces de levantar la vista por encima del anecdotario político (o del conventillo), para advertirle a la gente que hay problemas muy serios e insoslayables y que el actual gobierno no tiene la menor intención de encarar. La elección que se viene es de enorme importancia y es tiempo de pensar en enfocarla con seriedad. Empezando por los candidatos. Tienen que prepararse y preparar a la gente para la realidad que habrá que enfrentar. Por el contrario, ni se animan a decir (públicamente), que se viene, (ineluctablemente), un ajuste fiscal, cuando eso será la menos dura de las decisiones que la realidad nos impondrá!

Pero la responsabilidad no es solo de “los políticos”. La culpa de las crisis democráticas se la cargan siempre a los políticos. La realidad es otra, más compleja: los problemas no son solo de oferta, cargables a la cuenta de los políticos. También los hay de demanda: Juan, (Pueblo), pretende que otros se ocupen por él de casi todos los temas que afectan su existencia.

Pronto lo vas a conocer.

La Democracia no es una fórmula inventada para generar prosperidad, darnos trabajo, salud, vivienda y todo lo demás que le exigimos. Por otra parte, el Estado, herramienta de la Democracia, sobre todo después de la Segunda Guerra, para buscar solución a todas las expectativas materiales del ser humano, se ha transformado, por su propia inercia, en el problema, en un impedimento para alcanzar los deseos de la gente.

Todo esto hace necesario que los ofertantes dejen de gambetear los temas y digan que las medidas necesarias serán impopulares, pero también que los demandantes miren la realidad.

No conozco a Juan Sartori y aunque no le deseo mal, veo que va camino a llevarse un gran chasco.

Conozco a Juan Pueblo y le deseo bien, por lo que me duele ver que va camino a llevarse otra gran decepción.

Ambos por culpa propia.

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