Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Concertación?

Está para quedarse. No me parece. Para muchos fue un fracaso. Éxito, ciertamente que no tuvo.

Está para quedarse. No me parece. Para muchos fue un fracaso. Éxito, ciertamente que no tuvo.

Pero más importante que la sentencia condenatoria (y más provechoso que buscar a los culpables y querer cobrar cuentas), es reflexionar sobre los fundamentos. El éxito o el fracaso son predicados: hay que comenzar analizando el sujeto.

Para empezar, creo que Montevideo y Canelones se perdían igual, con concertación y sin ella, cualesquiera fueran sus candidatos. No estamos ante una realidad meramente política sino frente a un fenómeno cultural, que es algo más complejo, más denso y de muy lenta evolución. Me atrevo a sostener que la mayoría de quienes votaron al Frente el pasado 10, tenían muy pobre opinión de las gestiones municipales en ambos departamentos, que sus votos no significaban aprobación de lo hecho sino reivindicación ideológica, ratificación de la identidad frenteamplista o (y) reiteración del rechazo a los partidos fundacionales, (sentimiento que, en Canelones, resultó en segundo lugar -votos en blanco o anulados- y en Montevideo se manifestó en la interna de la Concertación: frente a las opciones de los candidatos blanco y colorado, mató el outsider).

Ahora bien, siendo todo eso así, no por ello hay que saltearse una evaluación, lo más objetiva posible, de la idea, del fenómeno mismo de la Concertación.

No sé bien qué se quiso hacer. Qué se imaginó. Pero el producto no resultó ser un verdadero partido político. No había affectio societatis, ni vínculo alguno entre los candidatos. Nada los unía y la falta de relacionamiento produjo algo mecánico, frío, un mero expediente formal para que se presentaran tres personas que nada tenían que ver entre sí, ni lo querían. Eso no entusiasma, no genera ilusión, no atrae. En definitiva, no suma. Discrepo con quienes hacen una argumentación lineal y, mirando los resultados en departamentos donde ganó el Frente con menos votos que la suma de los blancos y colorados, sostienen que, de haber habido Concertación, esa suma de blancos y colorados habría producido la victoria. Nada hace pensar eso, ni hay elemento alguno que lo prueba. Si el ansia anti-frentista fuera tan grande, habrían votado al partido que le podía ganar, como lo hicieron en San José y otros departamentos. Si no lo hicieron, capaz que frente a una concertación votaban en blanco o anulado.

Y tampoco va a sobrevivir la Concertación montevideana, como dicen que lo quieren sus candidatos. Quizás se reinventa, pero esta que tuvimos no perdurará.

Lo que en realidad se pretendió fue una especie de balotaje anticipado, algo que el votante decide para ganar, pero que suele ocurrir después que manifestó su preferencia primordial.

Esta Concertación no tuvo nada que ver con un partido político y no podrá vivir, como tal, hasta la próxima elección.

Pero ojo: esa constatación táctica debe llevarnos a reflexionar sobre otra cosa: que lo único que funciona como un partido político es……un partido político.

Dicho de otro modo, están los que vienen abogando por un nuevo intento de fusión de los partidos fundacionales, tesis que yo rechazo, racional y también visceralmente. Pero que proponen algo con visos de realidad. Lo que ha probado la elección de Montevideo es que la ingeniería política de un híbrido, como esta Concertación, que pretende generar los efectos de un partido sin serlo, es algo imposible o, si se quiere, algo estéril: como todos los híbridos.

Lucía Topolansky escupió su odio y su frustración la noche de la elección, señalando como su gran victoria el que no habría más ediles blancos y colorados en Montevideo.

Creo que se equivocó y que la lección que blancos y colorados debemos sacar de esta elección es que el mejor servicio que le podemos prestar a Montevideo y al país es redescubrir los valores, las virtudes y las fortalezas de esas raíces partidarias.

A la inversa, si alguien - por ejemplo el Sr. Novick - resolviera intentar la transformación de la Concertación en un verdadero partido político, permanente, eso, si llega a ser exitoso, tendrá consecuencias directas sobre los partidos fundacionales. Empezando por el Partido Colorado. Puede ser su golpe de gracia.

No soñar con la chancha y los veinte: concertaciones exitosas = partidos debilitados.

Conclusión, si se va a abrir una negociación para volver a modificar la constitución (ojo!), lo único que nos serviría es el balotaje a nivel municipal.

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