Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Nos bolsonaremos?

Cierto es que en nuestro vecino Brasil se han dado fenómenos muy particulares, empezando por una descomunal corrupción, que ayudan a explicar el reciente suceso de un oscuro diputado quien, después de discurrir veinte ignotos años en el congreso de su país, llega a la presidencia de la república, derrotando a todo el sistema político, (no solo al PT de Lula y Dilma, también a los partidos de centro).

Pero es igualmente cierto que en distintos lugares del mundo últimamente se están repitiendo fenómenos políticos y sociales de fuertes reacciones antisistema (tanto de tinte izquierdista, como derechista): Podemos y Vox en España; Brexit, Trump; Salvini y su combo en Italia; López Obrador en México; los chalecos amarillos franceses…, suma y siga.

Algunos casos pueden considerarse reacciones normales dentro de un encuadre democrático contra el partido en el poder (tal el caso de México, por ejemplo), pero en muchos otros se repiten algunos fenómenos que escapan a la mera alternancia política y que son claramente contrarios al sistema democrático imperante.

Destaco básicamente dos: la aparición exitosa de candidatos outsiders, con características variadas (Bolsonaro lo es, a pesar de haber pasado muchos años en el parlamento) y, en segundo lugar, una tendencia hacia la fragmentación de los partidos, unida a la desaparición o postración de los tradicionales o establecidos. Brasil es un ejemplo paradigmático de esto, con más de veinte partidos representados en el Congreso, pero el mismo fenómeno se aprecia en España, Italia, Francia, Alemania y otros países.

Contra ese telón de fondo, no deja de ser curioso lo que ocurre en nuestro país:

- En primer lugar, pocos outsiders que, a su vez, hacen muy poco splash: Novick ha perdido el filo, Talvi -infelizmente- no lo está alcanzando y es dudoso que Sartori lo encuentre.

En realidad, lo nuestro es todavía más a contramano, si se quiere, de lo que está ocurriendo en buena parte del mundo democrático: lo más novedoso que se ha dado últimamente en la política uruguaya es la irrupción de un superinsider, alguien con más de ochenta años de edad y más de cincuenta de vida política, llamado Julio María Sanguinetti. No digo que sea algo malo, simplemente que parece ir a contramano del devenir contemporáneo.

- Luego, en segundo lugar, no hay en nuestra realidad política actual, síntomas de rechazo y atomización del sistema de partidos.

Por el contrario, nada parece amenazar la supremacía de los tres grandes partidos (incluyendo al Partido Colorado, a pesar de su misiadura). Los esfuerzos de Pablo Mieres por querer llamar la atención con cócteles exóticos, son una prueba de que, por ahora, no hay con qué entrarle a la troika Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado.

Pero además, todo esto se da enmarcado en un discurso político-electoral, donde la casi totalidad de los actores hacen esfuerzos, sistemáticos y disciplinados, por no sacudir el tablero. Ni siquiera los que aspiran a correr con las ventajas de ser outsiders ensayan un discurso “off-side”.

Como no debemos presumir que todos los candidatos son zonzos o ignorantes, hay que concluir en que están haciendo una lectura, con matices pero muy similar, del talante (o de la cultura) político en que vive el Uruguay. El partido de gobierno no dice “más de lo mismo”, pero la oposición se ufana por tranquilizar al electorado diciéndole que, si gana, no hará “nada de lo mismo”.

Es obvio que los dirigentes políticos, por lo menos hasta ahora, están haciendo una lectura de que la mano no viene de rebelión.

Por un lado, esto no sería raro, dada nuestra característica de sociedad etariamente madura (y pico), conservadora y proclive al empate, pero no deja de llamar la atención si uno recuerda la gravedad de algunos problemas que sufrimos: inseguridad, marginalidad, deterioro sociocultural y el progresivo aislamiento del país de la realidad mundial, ignorada por la cultura dominante, (véase lo de Venezuela, en la kermesse montada por el gobierno procurando amancebar al Pit-Cnt con la Unión Europea).

¿Nos mantendremos diferentes a la corriente? Tal parece que sí. En definitiva es lo que estamos haciendo en el football. Nos gusta creernos diferentes.

Ahora, ¿no será que el fenómeno está ahí, latente?

Que, como ocurre tan frecuentemente, ¿nos va a llegar con retraso?

Es algo que deberían pensar seriamente quienes tengan chances de ganar las próximas elecciones: si el próximo gobierno no alcanza a atajar razonablemente las expectativas de la gente, (cosa nada fácil en la realidad que deberá enfrentar), no es descaminado temer que al final, durante el próximo período, sí nos bolsonaremos.

Con lo cual, no es tonto llevar el razonamiento un paso más y meditar si no conviene empezar a aterrizar ya el discurso político en la realidad.

Quizás lo más prudente no sea ser tan, TAN, prudente.

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