Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

Algo anda mal

Tomemos un ejemplo que debe ser bastante baladí, porque pasó desapercibido, sin que nadie se escandalizara.

Tomemos un ejemplo que debe ser bastante baladí, porque pasó desapercibido, sin que nadie se escandalizara.

Hace días, el sindicato de un laboratorio resolvió mejorar el consabido paro con un piquete en la vereda. Siendo invierno, la protesta se amenizó con una carpa. Pero ¿quién iba a bancar aquello con apenas una carpa? Sin poder calentar agua para el mate, sin radio y tele…¿a quién se le ocurre? Nada, a la solución fácil: colgarse de la luz y pronto (¿de la luz que paga la empresa? )

Carpa con luz ya es otra cosa.

Pero hete aquí que se enteró un Director de UTE y denunció al ente. Al fin y al cabo es un delito en el C. Penal. Entonces, se procesó a los autores del crimen, luego de quitarles el enganche de la luz robada? ¡Qué va! Eso es derecho formal, como decía Karl, no es aplicable a la clase trabajadora en lucha. Lo que hizo la UTE fue ponerle un contador a la carpa!

Y nadie pareció sorprenderse. Pruebe usted amigo lector hacerse un tingladito en la vereda, para tomar mate, o aún dentro de su terreno y lleve un cable desde la casa, sin autorización de UTE, la Intendencia y el BPS (lo mínimo). Quizás era a este tipo de nuevas realidades a lo que se referían los dirigentes del PIT cuando le comentaron al Dr. Vázquez que en el Uruguay hay dos tipos de justicia.

Que estas cosas ocurran es malo, pero que ya nadie reaccione es peligroso. Crece, desde el poder (político y corporativo) una creencia de impunidad y de menosprecio por la gente que corre el riesgo de consolidarse ante la pasividad generalizada.

Otro ejemplo: creer que un Ministerio puede hacer arreglos ocultos con privados y que es una impertinencia desubicada pretender que se hagan públicos. Como acaba de ocurrir en el más reciente episodio del culebrón de Pluna – el MEF – el BROU – Buquebús y otros –

Si a alguien pudo quedarle alguna duda del atropello al estado de derecho (y al sentido común) que un órgano público suscriba acuerdos secretos, y, encima, se niegue a divulgarlos cuando lo descubren, las declaraciones de jerarcas del MEF magnifican la gravedad del ilícito. Sostener que cabe al jerarca resolver lo que es o no es de interés público y calificar a ese público de “Doña Tota”, son señales de una desviación de poder gravísimo, construida sobre la base del menosprecio hacia los demás.

Desprecio cada vez más patente en declaraciones de jerarcas gubernamentales predicadas en la presunción de que la gente es idiota y se la debe mantener quieta y callada engrupiéndola.

Hay ejemplos como muela de gallo: desde sostener que si te roban tú tenés la culpa por andar con plata o, caso no sea robo sino homicidio, por andar entreverado en vaya a saber qué, hasta creer que la gente se traga cualquier verso en materia económica.

El record ahí son las explicaciones sobre el déficit y la inflación.
Del primero, nos dicen que es “técnicamente manejable”. ¡Qué alivio! Ahora, uno podría preguntar antes de pensar en “manejarlo” (que quiere decir “pagarlo”), si es algo bueno. ¿Es bueno que en medio de la mayor bonanza en décadas, cuando el Estado recauda fortunas, el gobierno gaste todavía más, endeudando al país?

La justificación del gobierno es “inversión” y se invirtió mucho estos años, sólo que no lo hizo el gobierno, como lo prueba el enorme atraso en infraestructura. Pero no, dirá el gobierno, se olvidan de la “inversión social”. Y aquí es donde lo del déficit se ata con la inflación.

La “inversión social”, en un 70-80% consiste en darle o pagarle plata a diversos grupos de personas: pensiones, jubilaciones, salarios o subsidios. Ahora bien, más allá de qué tanto se justifican los distintos casos y qué provecho tenga eso para la sociedad, la “inversión social”, 1º no genera recursos con que pagar el déficit (manejarlo, digamos) y, 2º se transforma en demanda.

No así, dice el gobierno: eso es técnicamente equivocado. El gasto público no explica la alta inflación. Por un momento pareció que el gobierno reconocía a la presión salarial como fenómeno inflacionario, al aconsejar la desindexación en las negociaciones salariales, pero como eso levantó flor de polvareda, dictaminó que la culpa de la inflación la tienen los productos importados, el ingreso de los hogares y los “costos empresariales” (sic).

Solo que los productos importados suben de precio si alguien lo paga, el ingreso de los hogares se compone fuertemente de “gasto social” y de salarios y los costos empresariales, excluido salario e inversión (nunca ha estado tan barato el capital) sólo queda la ganancia. Moraleja, para el gobierno los precios en los almacenes los hacen subir las compras de los empresarios.

Hay que creer que la Tota es muy zonza para tragarse eso
La Democracia se basa sobre el respeto. Respeto por las normas, respeto por las libertades y, en última instancia, por la gente.
Cuando esas bases se van perdiendo y nadie patalea, algo anda muy mal.

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