Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Acá?¡Imposible!

A comienzos de los ’60, cuando el continente ardía en movimientos guerrilleros, los orientales estábamos seguros qué, acá, eso jamás ocurriría.

En menos de dos años, los tupamaros habían asaltado el Club de Tiro Suizo, y de ahí, pudrieron todo, en plena democracia, hasta que ambientaron el golpe de estado.

Hoy miramos lo que pasa en otros lados: Francia, Ecuador, Chile, Colombia, y reaccionamos de la misma forma: ¿Acá? ¡Imposible! Son realidades distintas con características propias, pero hay similitudes que hablan de causas comunes y que deben preocuparnos. La globalización conlleva el contagio. Lo sorpresivo, lo violento, la rapidez y facilidad de movilización, la ausencia de liderazgo y de estructuras , lo difuso de las reivindicaciones… Por encima de causas disímiles hay factores que se repiten.

Las explicaciones que se ensayan no terminan de satisfacer: sí hay diferencias económicas y sociales, por ej. en Chile, pero no más que antes. Por otra parte, las manifestaciones no son sólo contra el gobierno de turno, sino contra todo y todos. Es una de las notas comunes. Son antisistema. Lo que apunta a más que causas puntuales estrictamente económicas.

Tesis explicativa:

1.-La Democracia está en crisis: a) Hay menos temores externos (al comunismo, a dictaduras…) y más expectativas y exigencias internas, de sociedades relativamente maduras. b) Gobernar es administrar expectativas y los gobiernos democráticos no pueden satisfacer los niveles contemporáneos de expectativas. Estas han ido creciendo, con el crecimiento de los padrones electorales y la mejora económica de esas sociedades. Los gobiernos no dan satisfacción, la herramienta central de la Democracia para ir al encuentro de las expectativas de la gente, el Estado, ya no es funcional. Agrava el cuadro el hecho de que la gente no distingue la Democracia del Estado y culpa a aquélla por errores y defectos de éste: las broncas no son contra los aparatos estables sino contra instituciones democráticas ( gobiernos, parlamentos y partidos).

2.- Las clases dirigentes políticas no suelen percibir este dilema contemporáneo de la Democracia y continúan actuando a la antigua, en un binomio: criticar-prometer, lo que alimenta una frustración generalizada.

3.- La gente se ha alejado de la política hacia intereses más inmediatos y entretenidos. No hace esfuerzos por entenderla, mucho menos por valorarla. Los sistemas de funcionamiento de la Democracia y sus actores se le hacen cada vez menos comprensibles y terminan por fastidiar. No se los escucha, o se calientan y, frecuentemente, ya se calientan sin siquiera escucharlos.

4.- Esa crisis político-institucional se quiebra y hasta explota cuando encuentra factores de otro tipo: económico, social y hasta psicológico: a) La globalización en cuanto le pega negativamente a sectores bajos y medios de muchos países, que pierden actividades a otros con menores costos. Esto explica que sean básicamente las clases medias (las nuevas clases medias) las que protagonizan las explosiones de violencia. b) El enfriamiento de la economía mundial, que amenaza a esas nuevas clases medias.

Resultantes: menos movilidad ascendente, riesgo de “caerse” del reciente adquirido nivel medio, miedo a los posibles efectos negativos sobre el trabajo, calentura contra los que no sufren todo eso: el tema no es tanto que las brechas se estén agrandando en algunos países, si no que yo me siento estancado y veo a otros separarse.

A esto, se suma una pérdida de valores. El sentido de la vida ya no está en ser, sino en TENER. Más exactamente, en tener MÁS. La resignación dejó de ser una virtud, para convertirse en anatema y así el hombre, como dicen los franceses: “se sent mal dans sa peau”.

Ese complicado cocktail tiene contemporáneamente un revulsivo adicional: las redes sociales. Están claros sus efectos en cuanto a la velocidad de las comunicaciones y al volumen de gente al que alcanzan, pero sus causas y efectos son más profundos : a) Los líderes, (políticos, empresariales, gremiales…), continúan como antes, nutriéndose en cuanto a noticias y opiniones de los medios “tradicionales”, teniendo poco contacto con las redes, mientras que hay grandes sectores que, al revés, se nutren de noticias y opiniones que suelen no tener ni autor, ni editor responsable, o siquiera de quien contradiga.Termina acumulándose allí como por aluvión, una realidad propia, sin contralor, generalmente de tono negativo, que las “superestructuras” desconocen (al menos en su magnitud). b) Pero las redes tienen otra característica “atómica”: los algoritmos. Los operadores pueden ir identificando grupos numerosísimos de usuarios, para luego irlos alimentando y, llegado el caso, sacarlos a la cancha en determinadas ocasiones.

¿Qué se puede hacer para evitar todo esto? Por lo pronto no caer en el error de los ’60, cuando nos dijimos que acá no habría jamás guerrilla. Prevenir trabajando sobre los factores que están a nuestro alcance: a) Cambiar el tono y parte del contenido del discurso político, sincerando ante la gente las limitaciones que hay para gobernar. En suma, ajustar las expectativas a la realidad. b) Acercar la política y el gobierno a la gente. d) Con relación a las redes: i/- monitorearlas desde el gobierno, saber qué está pasando en ese mundo. No es un esfuerzo por restringir la libertad de expresión, sino por equilibrar las versiones ii/- explicar a los servicios de inteligencia, que han fracasado en todas partes, que, si no comprenden ese mundo, no sirven para mucho.

En suma: barbas en remojo.

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