Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

¿Absurdos del cristianismo?

Básicamente su “incompatibilidad” con: 1) La ciencia; 2) El liberalismo (sobre todo económico); 3) La laicidad. Arraigada creencia, por lo que vale la pena exponer estos mitos. Hacen daño, a la cultura y a la sociedad.

Empecemos por la oposición catolicismo-ciencia.

A partir de la versión de que Galileo murió asado por orden papal, se instaló la “verdad” de que la Iglesia, cuando no aborrece de la ciencia, la teme. El mito se completa con aquel que considera a la Edad Media como el agujero negro que separa la civilización greco-romana del Renacimiento, las Luces y el Liberalismo.

Pues, ni Galileo murió en la hoguera, ni la Edad Media fue un estanque de ignorancia, ni se explican uno y otro por el accionar de la Iglesia. Al contrario: los griegos, Aristóteles incluido, quedaron atrapados en su racionalismo a priori y nunca llegaron a elaborar un pensamiento científico. Es precisamente con el cristianismo y su distinción entre teología y filosofía que surgen propiamente las disciplinas científicas. Es un hecho que la ciencia surgió en el Occidente cristiano, (no en Grecia, ni Roma, ni China, ni el Islam).

La innovación del cristianismo en este punto es la noción esencial de un Dios personal y creador, pero creador de un universo que es, a la vez, racional, autónomo y estable, regido por normas también racionales, que el ser humano puede conocer, al estar dotado de un intelecto capaz de captar todo eso. Los teólogos clásicos distinguían en Dios su “potentia absoluta” y su “potentia ordinata”: Dios es omnipotente pero no caprichoso. Diferencia clave con el Islam, por ejemplo, que cree que Alá se reserva siempre el poder de intervenir en la realidad cómo y cuándo le parezca.

Los primeros científicos -casi todos cristianos- estaban convencidos de que podían hacer ciencia porque creían en la racionalidad del universo y esto por ser la obra de un Dios precisamente, racional,

La piedra de discusión, en definitiva, está entre quienes creen que la razón es un sub-producto de la materia (irracional), como sostienen los materialistas o si, al revés, la materia es un producto de la Razón creadora.

Y en cuanto a la Edad Media, recordemos, que es la cuna de la Universidad, institucionalización de la razón y de la ciencia. Creación de la Iglesia.

La segunda oposición es entre catolicismo y liberalismo, sobre todo económico.

Comencemos por admitir que en este tema la Iglesia, en determinada época, contribuyó al equívoco.

Durante años condenó al Liberalismo, probablemente como reacción a su encarnación en los excesos de la Revolución Francesa y al furibundo anticlericalismo que la precedió y acompañó.

Similar postura adoptó la Iglesia frente al decantamiento de las ideas liberales en el campo de la economía y luego como reacción a las consecuencias negativas del capitalismo incipiente en la revolución industrial.

Recién con León XIII (1891) aparecen matices y la admisión de ciertos relativismos a la hora de juzgar las tendencias liberales en materia económica y la realidad de la producción capitalista. Pero continúa jugando una concepción de la economía como de suma cero (la riqueza de unos se debe a la pobreza de otros) y la resistencia al concepto de que pueda existir algo auto regulado -el mercado- que no caiga necesariamente en desórdenes y excesos si falta una autoridad reguladora. La Iglesia entra en una etapa intermedia, buscando fórmulas económicas que produzcan el desidaratum de un equilibrio de opuestos (las variantes de una economía “social de mercado]”): una tercera vía, que no fuera ni socialista, ni capitalista.

Será recién con Juan Pablo II que el magisterio abandona la búsqueda de modelos económicos: “La Iglesia no tiene modelos para proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afrontan los problemas concretos …”

Sin embargo, esta reubicación del magisterio en la realidad económica, no calma las angustias frente a la realidad de la pobreza, ni erradica definitivamente la noción cultural-instintiva, de que la riqueza, sobre todo en sus manifestaciones chocantes, debe explicar, de alguna manera, las realidades, igualmente chocantes de pobreza.

La tercer supuesta antinomia: catolicismo vs laicidad. A los ojos de muchos, son incompatibles.

También aquí hay que reconocer que la Iglesia, durante años, contribuyó a alimentar el error.

Pero, vayamos a los comienzos. Históricamente, fue primero el judaísmo y luego el cristianismo quienes iniciaron la desacralización del poder, negándose a reconocer la divinidad del emperador y del estado y estableciendo la separación de la religión de los poderes establecidos. Como sostiene Philippe Nemo, “No hay nada más cristiano que la laicidad. Para el pueblo de la Biblia, el Estado no será jamás fuente de verdad…” El propio Habermas reconoce que el cristianismo postula la autonomía de lo secular (“dar al César lo que es del César”).

Infelizmente, con el regalo, envenenado, que Pipino el Breve hiciera al Papa Esteban II (los estados pontificios), la Iglesia terminó presa de realidades temporales que enturbiaron los principios y la separación de los tantos. Hoy están totalmente aclarados.

Resumiendo, en tiempos en que aterrizamos en la existencia de Fake News, bueno es aprovechar para despachar algunas del pasado.

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