Hugo Burel
Hugo Burel

Las palabras y el Mundial

Hace algunas semanas participé en una mesa redonda realizada en el Museo del Fútbol a propósito de este deporte como generador de lenguaje.

El debate, en el que participaron otros periodistas, un historiador, un futbolista que también es escritor y el presidente de la AUF, sirvió para poner de manifiesto con ejemplos actuales e históricos que el fútbol se realiza también a través de los lenguajes con los que se manifiesta. Es decir: produce de manera incesante palabras o frases que se incorporan al discurso público. Ni que hablar que Uruguay es un ejemplo perfecto de sociedad que crea términos y expresiones que se inspiran y vinculan con el fútbol.

Veamos ejemplos: Si escucha o lee "vayan pelando las chauchas", un futbolero de ley no piensa en la orden de un cocinero sino en un cántico deportivo de nuestro fútbol, creado por el jugador Álvaro Gestido antes de disputar la final de 1928 contra los argentinos.

Apelo a épocas más recientes: decir "el camino es la recompensa" tiene mucho sentido si está referido al fútbol, porque tal expresión es la oracular sentencia del maestro Tabárez de 2010. Precisamente, ese año del primer cuarto puesto en lo que va del siglo, será recordado por la frase "el Loco la picó", que resume la genialidad y el desparpajo de Sebastián Abreu al rematar un penal decisivo. De modo tal que con solo dos frases nuestro lenguaje futbolero resumió las vivencias de la Copa Mundial de Sudáfrica.

En cuanto al mundial actual: ¿Qué palabras o expresiones nuevas han surgido?

Prescindo del resultado del partido del pasado viernes ya que esta columna fue escrita antes que se disputara. Aun en el caso de que hayamos logrado un resonante triunfo, a nivel local poco se ha innovado en relación a las palabras que últimamente han acompañado el llamado "proceso" de la era Tabárez. Me refiero a los elogios y las metáforas sobre ese proceso que hoy, incluso, se pretende extrapolar a otras áreas y actividades del país. Decir que los jugadores son "héroes" o "gladiadores" o que orgullo y humildad pueden fundirse en una sola palabra, no aporta demasiada novedad.

El periodismo y las redes han competido por el ditirambo obvio y la adjetivación que abona un discurso casi oficial que fluye a favor del éxito deportivo. La cautela y el optimismo eufórico o razonado se han ido alternando partido a partido.

Por lo que hemos escuchado en las "polémicas" entre periodistas que están todos de acuerdo y que la televisión ha difundido diariamente, el lenguaje se ha puesto al servicio de la causa celeste, palabra sagrada que adquirió finalmente su estatus definitivo para que vivamos en estas últimas semanas en un país monocromático.

Acaso la gran discusión para periodistas e hinchas ha sido sobre la única palabra nueva que ha generado este mundial y que en realidad es una sigla: VAR.

La sigla VAR, que en inglés significa Video-Assisted-Referee, ha sido el centro de múltiples polémicas. El sistema —que aporta asistencia tecnológica al control arbitral de los partidos— y la palabra que lo designa se han convertido en una especie de dios que ha sido invocado por los árbitros, los jugadores, los periodistas y los televidentes. No se qué ha sucedido en los estadios, si ante una jugada dudosa los hinchas han coreado "VAR" reclamando justicia con la misma furia con la que suelen insultar al árbitro.

Como sea, el VAR se ha convertido en un actor tan importante que su intervención ha definido más de un partido y los dedos dibujando una pantalla imaginaria se convirtieron en el gesto más nuevo del espectáculo futbolístico. VAR, qué duda cabe, es la palabra más famosa de este mundial.

Pero la innovación está lejos de imponerse urbi et orbi. Su implementación es costosa y no todas las ligas en el mundo futbolístico cuentan con recursos para hacerlo. De la misma manera que los partidos controlados por seis árbitros en cancha también son de difícil adopción para el fútbol en general. Entonces, lo que el VAR ha hecho, más allá de la justicia que ha podido impartir ante jugadas dudosas, es generar una necesidad y un hábito que jugadores y público van a extrañar cuando el mundial se termine.

Ahora todos sabemos que las dudas sobre lo que un árbitro cobra o no pueden resolverse por fuera de la línea de cal, porque existe un panóptico munido de decenas de cámaras que lo ve todo. Desde la simulación del que se tira para que cobren penal al off side inexistente que permite validar un gol que se había anulado.

Sin embargo, el éxito de esa experiencia no es solo tecnológico. La palabra VAR —que empieza siendo una sigla en inglés, como RADAR— designa la panacea para los que abogan por la ausencia de errores arbitrales que determinen el resultado de un partido.

Por supuesto que todavía falta la gran prueba para el sistema, que es la final del campeonato. Pero cuando esta se dispute, junto con los equipos titulares, los árbitros en cancha y adentro de un gabinete con pantallas, la banca de suplentes, los técnicos, todo el público del estadio y los que lo miran por TV, ante cada duda que se presente van a tener a flor de labios esas tres letras: VAR.

El nombre del nuevo dios del fútbol, infalible y omnividente.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)