Hugo Burel
Hugo Burel

Un libro explosivo

Llegado hace muy poco a nuestras librerías, Conspiración de Luke Harding, laureado periodista de The Guardian, es quizá el libro más explosivo que he leído últimamente del género de investigación.

El subtítulo de la obra lo dice todo: "Cómo Rusia ayudó a Trump a ganar las elecciones". El lanzamiento de su edición en castellano coincide con la cobertura que los medios norteamericanos e internacionales dedican al tajante conflicto que enfrenta al presidente norteamericano, nada menos que con el FBI a propósito de lo que plantea el libro de Harding.

Es bueno que sea el periodismo de investigación el que lleve la delantera en la difusión de este tema. Ese periodismo al que Trump insulta, desprecia y denosta en cada tweet que envía cual adolescente excitado sobre los asuntos que le molestan, está cavando su tumba política y alimenta el archivo de horrores que pueden culminar en un impeachment. Por mucho menos de lo que Trump ya lleva perpetrado en su primer año de gobierno, el periodismo —léase The Washington Post— enfrentó a Richard Nixon y lo obligó a renunciar.

El insumo principal de Conspiración es el demoledor dossier elaborado por un ex agente del MI6 británico, Christopher Steele, sobre la increíble trama que vincula a Donald Trump, Vladimir Putin, los servicios secretos rusos, el dinero y ciertas chicas moscovitas de vida disipada. Hay grabaciones en video por cámaras ocultas, lavado de dinero, hackeos, conexiones con la mafia e informes secretos en una trama que se ha desarrollado durante años y que basa su eficacia y poder de manipulación en información comprometedora sobre Trump. El libro de Harding se lee como una novela de John le Carré, pero con la diferencia de que sus protagonistas centrales son personas reales, que no inspiran confianza pero están al frente de naciones poderosas. No diré más sobre los contenidos principales de este libro formidable, salvo recomendar su lectura, en especial a los periodistas.

Más allá de su tema específico, el libro reflexiona sobre el secretismo en política y sobre la necesidad de la transparencia para sostener a la democracia. Pero, por sobre todo, resalta la importancia de un periodismo que difunda la verdad. The Washington Post tuvo que aumentar el número de periodistas de investigación en función de la cantidad de mentiras y ocultamientos que Trump ha desarrollado casi a diario. Y hasta eligió un nuevo y desenfadado slogan: "La democracia muere en la oscuridad". Lo esencial en esto es que el periódico apostó al factor humano para optimizar sus procesos de información.

Hace poco, un informe difundido en el programa Rompekbzas de Radio El Espectador, denunció algo preocupante: en Uruguay uno de cada tres comunicadores trabajan en el Estado: 925 periodistas vinculados y en relación directa con el poder. Solo en Presidencia revistan 63.

Precisamente, uno de los requisitos para que el periodismo cumpla su objetivo, es que quien lo desarrolla mantenga una relación de tensión con el gobierno y el poder establecidos. Porque una de las funciones del periodismo es informar con veracidad a la opinión pública. Es la manera de que la democracia no muera en la oscuridad. En tal sentido, el libro de Harding es un faro en las tinieblas.

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