Hugo Burel
Hugo Burel

España y la lengua

A finales de enero, el presidente del gobierno español Mariano Rajoy presentó en el Museo Reina Sofía una iniciativa prioritaria para su administración: el español como lengua global dentro de una propuesta más general enmarcada en lo que se ha definido como "Marca España".

Hace unos días, su ministro de Cultura, Iñigo Méndez de Vigo, reafirmó ante el congreso tal iniciativa y ofreció más detalles, como que 2019 será declarado año del español. No obstante, Méndez de Vigo no aclaró de qué manera eso se llevará adelante y cuánto costará. Los partidos de la oposición no están de acuerdo con la propuesta. Pero el desacuerdo y el malestar mayor lo han expresado los ámbitos lingüísticos latinoamericanos, en especial las academias integrantes de la Asale, Asociación de Academias de la Lengua Española.

El motivo de la discordancia radica en el evidente menosprecio hacia el resto de los hispanohablantes al incluir a la lengua española como propiedad o atributo exclusivo de uno de los países que la hablan. En buen romance, lo que Rajoy, su ministro de Cultura y el resto del gobierno de España pretenden es apropiarse para un operativo de marketing del idioma que se habla en los 23 países representados en la Asale. Expresado en números, se trata de más 500 millones de personas que hablan el español solo en nuestro continente. En México lo hacen 122 millones y en Colombia más de 48. España es el tercer país en número de hablantes del español, con 47 millones y pico. Argentina es el que sigue con apenas poco más de 3 millones por debajo de España. Entonces, una nación que representa el diez por ciento de los hablantes de un idioma no puede arrogarse el uso excluyente y exclusivo del mismo sin considerar a sus "socios" en el uso de la lengua.

Felizmente, la propia Real Academia Española ha salido al paso de tamaño despropósito y ha fijado con toda claridad su discrepancia. Su pleno, reunido el pasado 8 de marzo, expresó el rechazo de lo que considera un atraso de por lo menos cuatro o cinco décadas de la llamada política lingüística panhispánica que, a través de las diferentes academias que integran la Asale, ha venido aplicando en favor de un idioma que es unitario y diverso al mismo tiempo. El español es una lengua multinacional, pluridialectal y policéntrica, lo que significa que es propiedad solo de sus hablantes diseminados por cuatro continentes. Y significa, además, que es una lengua que admite el principio de aceptación de las diferencias.

No sabemos hoy si el gobierno español revisará su postura y rectificará esa iniciativa de apropiarse de la lengua española para una operación de marketing. La "Marca España" sin duda tiene atributos peculiares y diferenciadores que la distinguen, pero de ninguna manera uno de ellos es el idioma que comparte con otros países, que además lo han enriquecido a lo largo de la historia aportando la impronta de su realización en diferentes culturas y regiones. En su pleno del miércoles 4, la Academia Nacional de Letras fijó su posición en el tema, obviamente en sintonía con la de las demás integrantes de la Asale.

Lo paradójico de todo este asunto es que la iniciativa del gobierno de España se da de narices con la compleja situación de Cataluña, que como sabemos tiene al catalán (con 10 millones de hablantes) como lengua cooficial junto con el español. ¿Se busca así provocar más rispideces con esa región imponiéndoles a separatistas y a los que no lo son esa idea hegemónica del español global?

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