Hugo Burel
Hugo Burel

El desprecio de Milanés

En medio del revuelo por las actas del tribunal de honor al represor Gavazzo y todas sus derivaciones, lo sucedido el pasado domingo en la edición central de Telemundo apenas ha tenido una relativa repercusión.

Me refiero al reportaje que Mariano López, conductor del noticiero, le hiciera al cantautor cubano Pablo Milanés y que culminó abruptamente cuando el entrevistado dio por terminada la entrevista levantándose sin ni siquiera despedirse del periodista y mucho menos agradecer.

Al comienzo del informativo, López anunció la nota que se realizaría en vivo, con Milanés en su hotel y el conductor en el estudio. Cuando esta empezó a emitirse, la pantalla quedó dividida: a la izquierda de los televidentes Milanés, a la derecha López. Tras algunas preguntas vinculadas al show que el artista ofrecería al otro día en el Auditorio Adela Reta y que él denominó “Esencia”, el periodista quiso indagar en temas políticos, lo que motivó la primera reacción ríspida de Milanés que adujo que había pactado no incluir la política en la entrevista. Ese fue el momento decisivo para López: estaba saliendo en vivo y el entrevistado pretendía imponerle límites a su trabajo.

Con gran aplomo y seguridad le dijo a Milanés que él no estaba al tanto de ese acuerdo y siguió adelante con la indagatoria sobre temas de los que el entrevistado prefería no hablar. Entonces Milanés se atrincheró en la negativa y luego de algunos cruces incómodos con López, decidió no responder a más nada y ante el requerimiento del periodista preguntándole si lo escuchaba, el cantautor además de mu-do se hizo el sordo. Finalmente se quitó los auriculares y se retiró sin más. Una cosa es no responder a ciertas preguntas excusándose en términos correctos y otra es suspender una entrevista en vivo y dejar al periodista sin posibilidad de réplica.

Ante este desplante de un artista extranjero a un periodista local surgen varias reflexiones. En primer lugar la actitud de Milanés de limitar los temas que pueden tratarse en una entrevista. Se trata de un artista cubano, uno de los fundadores de la Nueva Trova y un ferviente defensor de la Revolución, pese a lo cual en 1966 fue enviado por las autoridades a un campo de trabajo forzoso en la zona de Camagüey en el centro de la isla.

En un reportaje que le realizaron en 2015 lo llamó “un campo de concentración estalinista” y todavía espera que el gobierno cubano le pida perdón por lo sufrido en esa época. Nadie a esta altura discute los valores de Milanés como artista que ha ganado la consideración latinoamericana y mundial, pero es una lástima que proclame que no habla de política ni siquiera con sus amigos, cuando tendría mucho para decir.

No obstante y en lo relativo a su breve visita no es verdad que no iba a hablar de política en Uruguay. Lo hizo en un programa de la emisora M24 y afirmó que para él los dos revolucionarios que más admiraba eran Nelson Mandela y José Mujica. Habló de las virtudes que debían distinguir a un revolucionario ejemplar y no mencionó ni al Che ni a Fidel Castro entre sus preferidos. No ahorró elogios para el gran luchador sudafricano en contra del apartheid al que, sin criterio para comparar la dimensión de una lucha, lo igualó en su grandeza con Mujica, lo cual sonó a demagogia de visitante ilustre. Más allá de estar o no de acuerdo con lo que dijo, Milanés en M24 habló de política.

Ante esa dualidad de actitudes de Milanés -negarse a responder preguntas que no le tolera a un periodista pero despacharse a gusto con otro sobre los temas políticos que a él le interesa comentar- me pregunto si con 76 años ha entendido el mundo en el que vive. Si no quiere que le pregunten lo que no le gusta responder que no reciba al periodismo. En Uruguay existe la libertad de prensa y el periodista está obligado a indagar para saber. ¿O Milanés pensaba que Mariano López y el canal en el que trabaja estaban al servicio de promocionar su show sin preguntar más nada?

El gesto iracundo de suspender una entrevista en vivo la víspera de un concierto demostró desprecio del artista por el público uruguayo que en ese momento lo miraba, incluidos muchos que a lo mejor asistirían al show. En cuanto a lo que Milanés supuso que López iba a preguntarle, cualquiera imagina que de cajón sería sobre el tema que muchos cuestionan y quieren saber: la situación política y social de Cuba y lo que ha quedado de aquellos sueños que el joven Milanés abrazó con esperanza e ilusión. Ese escamoteo de la realidad y la supresión voluntaria de opiniones sobre ella se parecen mucho al estalinismo que él mismo denunció.

Por suerte, el lamentable episodio dejó algo positivo: un periodista que no se amilanó ante la actitud del entrevistado y actuó con garra y profesionalismo. La libertad de prensa también es atacada cuando al periodista le imponen condiciones inaceptables para ejercer su función. Pactar en no hacer determinadas preguntas o no indagar sobre ciertos temas es autoimponerse la censura y ser complaciente con el entrevistado.

El ejemplo de Mariano López debe ser imitado por aquellos colegas que, ante hábiles declarantes que eluden responder sobre temas inconvenientes, optan por aceptar la versión del casete y no repreguntan. El buen periodista siempre debe estar en tensión con el poder. ¿Hubiéramos conocido las actas del tribunal de honor de Gavazzo sin la curiosidad y las tres horas de lectura que les dedicó Leonardo Haberkorn? Probablemente no.

Volviendo al tema principal: ojalá que Pablo Milanés algún día pueda volver a hablar de política con sus amigos. Como dice el Evangelio de San Juan: “La verdad os hará libres”.

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