Hugo Burel
Hugo Burel

La calle del sacrificio

El pasado sábado se cumplieron 85 años del suicidio de Baltasar Brum, ocurrido el 31 de marzo de 1933 como gesto de inmolación ante la dictadura recién instalada en el país.

Muchos que caminan hoy por la calle Río Branco entre 18 de Julio y Colonia —vereda este—, quizá ignoran que esa acera se tiñó con la sangre de Brum quien, a pocos metros de su casa, ubicada en el 1394, se quitó la vida de un balazo en el corazón. Antes de disparar gritó ¡Viva Batlle! y algo más dirigido a los que esa madrugada habían dado el primer golpe de Estado del siglo XX en Uruguay. Su cuerpo muerto quedó tendido en plena calle, en el cruce en donde hoy hay tres agencias de viajes en otras tantas esquinas y un moderno edificio en la restante, en la acera oeste.

Desde muy temprano ese día, el lugar había sido un revuelo de rumores y público merodeando. Policías a pie y a caballo, tránsito interrumpido, periodistas, fotógrafos, curiosos y correligionarios amigos deliberando en la puerta de la casa de Brum. Hay fotos notables e históricas que muestran grupos de hombres trajeados y con gacho o rancho de paja —alguno revólver en mano, como el propio Brum— mirando de manera furtiva hacia los costados, riendo algunos. Lo curioso es que parecen no vislumbrar el drama que se avecina y sonríen en las fotos. El grupo se arracima en la puerta del domicilio del futuro suicida y el dueño de casa está con ellos. Viste pantalón y saco oscuro de anchas solapas. Lleva una golilla al cuello en algunas fotos. En otras —ya sin la golilla— se aprecia que debajo del saco solo viste una tricota de cuello redondo. No parece un ex presidente de la República sino alguien recién levantado de la cama que, tras vestirse apresuradamente, ha salido a la puerta porque han golpeado. En algunas imágenes tiene dos revólveres, uno en cada mano. En otras esboza una sonrisa giocondesca, inquietante e indescifrable. Se puede inferir que es la sonrisa del adiós, la mueca resignada del que sabe que ese día habrá de tomar una decisión extrema y ejemplar. ¿Qué recuerdo queda hoy de aquella tarde en ese lugar?

La casa de Brum todavía existe. Allí funciona una dependencia estatal del INAU. Eso está indicado con un cartel pequeño colocado al costado derecho de la puerta. Y sobre él, una placa recordatoria del Partido Colorado, a mi criterio insuficiente, empezando por la fecha tardía en que fue colocada, nada menos que 79 años después de la tragedia. La parte medular del texto reza: Aquí se escribió con sangre una de las páginas más célebres de la República. ¿Por qué ese gesto de inmolación absoluta no fue consignado en la plaqueta? Su texto es correcto, elusivo y vago. Se sospecha, en esa redacción cautelosa, que primó el pudor ante el suicidio.

Supongamos que un joven que ignora esa página de nuestra historia pasa hoy frente al 1394 de la calle Río Branco y repara en la placa: ¿qué podrá inferir a partir de lo que esta detalla? ¿Puede saber cómo murió Baltasar Brum y en qué circunstancias? No, no puede: se entera del día en que falleció y que su sangre sirvió para escribir una página célebre. A lo sumo, ese joven pensará que allí mataron a Brum, dentro o fuera de esa casa, pero ignorará que el homenajeado ofreció voluntariamente su vida ante el quiebre institucional.

Según él mismo había proclamado, su gesto acortaría la dictadura al mancharla de sangre.

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