Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

¡A vacunarse!

Con la inminente llegada de las vacunas a nuestro país, se presenta una nueva perspectiva. Recordemos que el surgimiento del Covid-19 fue tan inesperado como fulminante.

En un brevísimo tiempo el nuevo coronavirus Sars-Cov-2 se esparció por el planeta, tomando por asalto a los sistemas de salud de los países, incluso a los de los más avanzados. Su capacidad de transmisión, de contagio y su virulencia en un determinado segmento de la sociedad, lo transformaron en una pandemia de muy alto riesgo por su capacidad de hacer colapsar la atención médica de los países.

A pesar de todos los esfuerzos realizados y las medidas de precaución desplegadas, en catorce meses de contacto con este virus la humanidad ha sufrido 112 millones de contagios, dejando un terrible y trágico saldo de casi 2,5 millones de fallecidos; o sea que, algo más del 2% de los que contraen este coronavirus no sobreviven.

A este terrible panorama hay que agregarle la profunda perturbación que ocasiona su presencia sobre la atención médica de todas las demás enfermedades y dolencias que padecen las sociedades, sin olvidarnos de alguna nueva que ha generado el prolongado aislamiento social y el distanciamiento físico con las personas con las que se mantienen estrechos lazos afectivos.

¿Qué podrá cambiar con la llegada de las vacunas? En realidad, mucho.

Las autoridades han manifestado que está pronta la logística para iniciar y llevar adelante una vacunación masiva de la población.

Desde luego se comenzará por aquellos grupos de personas que ante un eventual contagio, su vida corre mayor riesgo, y también por los que desempeñan labores esenciales en esta lucha sin cuartel contra la pandemia (salud, seguridad, etc.).

A medida que se vaya inoculando a esos sectores de la población, dejarán de ocupar ese alto sitial de vulnerabilidad que tanto oscurece nuestro presente.

En otras palabras, las peores amenazas, los mayores riesgos que hoy corremos, rápidamente darán paso a una realidad mucho más controlada y previsible, lo que se ha denominado “la nueva normalidad”.

Cuando a la humanidad se la somete a situaciones límite como esta, suele demostrar con brillo todas sus capacidades. Varios laboratorios del mundo lograron lo que hace unos meses parecía imposible. En tiempo récord produjeron varias vacunas efectivas contra el Sars-Cov-2, alcanzando niveles de efectividad muy elevados. Esa es la gran noticia, no cuál es la mejor vacuna.

Nadie pregunta sobre la vacuna antigripal que se aplica cada año. Para eso están los especialistas y los organismos rectores de la salud.

Debemos tener la suficiente lucidez para comprender que en este momento tenemos 0% de inmunidad contra este virus. Al vacunarnos elevaremos esa posibilidad al 60%, 80% o 90%.

Ante la actual coyuntura parece un despropósito decidir no inocularse, considerando además la enorme escasez de vacunas que existen en el mundo.

Con nuestra decisión de inmunizarnos estaremos dando un salto enorme de calidad en el cuidado de nuestra salud personal, y desde luego, en el de todas las personas que nos rodean.

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