Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

El subsuelo también importa

Fue un olvido o una acción deliberada? La petrolera australiana Petrel, que realiza las perforaciones en Cerro Padilla (Paysandú) en busca de hidrocarburos para Ancap, omitió comunicar a la Dirección Nacional de Medio Ambiente que perdieron 125 mil litros de lodos en el proceso.

Este importante derrame en el subsuelo constituye una situación seria de contaminación —que puede haber alcanzado perfectamente los acuíferos de la zona— debido a la naturaleza del material liberado. Los lodos son una mezcla preparada con productos químicos que ayudan a que el trépano atraviese la roca. Si todo funciona como debe ser y se acordó, la gran mayoría de esos lodos cierran el circuito volviendo a la superficie, arrastrando fragmentos de la roca para ser analizados. Deben ser cuidadosamente recogidos, almacenados y transportados hasta vertederos apropiados según su peligrosidad.

A medida que se perdía el lodo en el proceso de perforación la petrolera tuvo que preparar más mezcla para sustituirlo. En ese momento debió comunicar el hecho.

Nadie sabe a dónde fue a parar el equivalente a 600 tanques de 200 litros cada uno de material contami-nante, lo que deja en eviden- cia por lo menos dos aspectos: 1) que la empresa estaba mal informada de la naturaleza geológica del sitio de búsqueda, y 2) su mal proceder por no dar aviso de inmediato del accidente producido —a lo que está obligada por contrato. Dinama lo detectó mucho después al realizar una inspección y por no detener la exploración a medida que desaparecían los lodos.

Tampoco funcionaron los controles que deben llevar a cabo las autoridades gubernamentales para garantizarle al país la adecuada protección ambiental que el marco jurídico vigente le exige a estas actividades. Las características de lo denunciado dejan en evidencia que Dinama deberá rever su estrategia de contralor para reaccionar más rápidamente.

¿Estamos pagando el precio a la falta de experiencia en esta clase de emprendimientos? ¿Se trata de accidentes que no debieron ocurrir, si las exigencias tecnológicas y operacionales a la empresa se hubiesen materializado debidamente? ¿Qué debemos esperar en materia de derrames y accidentes, si efectivamente se llega a concretar el hallazgo y la explotación comercial de hidrocarburos en la zona?

Mientras tanto las autoridades, lejos de restarle importancia a la contaminación confirmada, deberían extremar las medidas para conocer la verdadera magnitud del hecho y poder actuar en consecuencia. No sabemos a dónde fueron a parar esos 125 mil litros de lodos contaminantes. Por lo tanto, desconocemos si está afectando al ecosistema más allá del área de perforación. Resulta imperioso investigar la calidad de las aguas subterráneas y superficiales, para evaluar el eventual daño producido en ese recurso esencial.

Estas experiencias negativas deben dejarnos valiosas enseñanzas. No se puede improvisar en asuntos que puedan comprometer la salud ambiental del país.

Como todo hace suponer que estas búsquedas continuarán, confiamos en que las autoridades pondrán extrema atención a este emprendimiento, el que ya en su comienzo —los primeros dos pozos cavados— ha presentado varios problemas preocupantes.

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