Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

¡Es posible!

Durante décadas se promocionó el uso de la energía nuclear para la producción de electricidad como una excelente solución para países sin hidrocarburos, a pesar de todas sus desventajas que implica su uso.

Pero los terribles accidentes ocurridos en Chernóbil (Ucrania-1986) y Fukushima (Japón-2011) la asestaron un nocaut a esa opción energética.

El ejemplo alemán es contundente por tratarse de un país modelo en materia de calidad de vida, innovación tecnológica, prosperidad económica y cuidado ambiental.

A fines del siglo pasado era un país importador de la mayor parte de sus fuentes de energía y su demanda crecía de manera notoria.

Al ocurrir Chernóbil (cuya contaminación alcanzó a una parte de su territorio) Alemania puso "las barbas en remojo". Le siguió el duro golpe provocado por la crisis del petróleo de 1973; entonces los germanos se tomaron muy en serio el desafío de transformar en profundidad su sistema energético. Lo hicieron sobre dos pilares principales: las energías renovables y la eficiencia energética.

En 2000, a pesar de contar con el funcionamiento a pleno de la totalidad de su potencia nuclear, el gobierno alemán decidió abandonar el uso de la energía atómica. Por su parte el Parlamento germano acordó por amplia mayoría dejar de utilizar esa energía tan pronto fuera posible.

Existía mucha controversia en la sociedad debido a la peligrosidad del funcionamiento de las plantas y de qué hacer con los residuos radiactivos. Además, para el Gobierno Federal los serios riesgos que entrañan las centrales en funcionamiento, generan elevados costos en materia de seguros y mecanismos de seguridad; por lo cual abandonar el uso de esta fuente energética también supone un beneficio económico para las arcas del estado y los bolsillos de los consumidores.

Se trata de un cambio de fondo que lógicamente no se podía hacer de un día para el otro, así que se acordó recorrer un bien planificado proceso de transición de cierre, el cual se viene cumpliendo como estaba previsto.

Hasta ahora se han cerrado 17 plantas nucleares y las 7 restantes serán clausuradas: 1 este año, 3 en 2021 y 3 en 2022. Para tener una idea de que estamos hablando, esas 7 plantas aún operativas proporcionan aproximadamente el 12% de la electricidad de Alemania.

Gracias a esta inteligente y valiente decisión tomada hace unos años, la Alemania actual exhibe una política energética más segura, más asequible y más sostenible. No es casualidad que se trata del tema alemán que suscita mayor interés internacional.

Para no resentir su desarrollo ni el bienestar de su gente, esta política impulsa de manera envidiable el uso y desarrollo de tecnologías de punta en materia de aprovechamiento de las fuentes renovables como el sol, el viento, la biomasa, la geotermia, las mareas. Su pujante industria ha logrado duplicar sus resultados económicos aun reduciendo su consumo de energía en más de un 10%.

Enormes progresos sigue consiguiendo en el terreno de la eficiencia energética en edificios (calefacción, aire acondicionado y funcionamiento de los servicios) obligando para 2021 que todos las construcciones nuevas tengan un consumo de energía mínimo. Para 2050 la meta trazada es reducir en ellos un 80% la demanda de gas y petróleo.

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