Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

El peso de los votos

A fines de 2013 el propio presidente de la República anunció, sin ningún prurito, que firmarían un contrato con la empresa india que impulsa el proyecto minero de Aratirí, en la zona de Valentines, aunque aún faltaba bastante para que la Dirección Nacional de Medio Ambiente pudiera expedirse al respecto. Como se sabe, este es un requisito ineludible para la eventual aprobación del proyecto, pero hay que subrayar que esta dilación no es responsabilidad del organismo estatal, sino de la empresa solicitante, que sigue sin remitir toda la información adicional que se le ha solicitado.

Como era de esperar, las críticas arreciaron, tanto desde los sectores sociales como políticos. Las endebles explicaciones que se ensayaron solo dejaron más en evidencia el debilitamiento institucional que los conductores del gobierno le siguen provocando al Ministerio de Medio Ambiente. De qué otra forma se puede interpretar el anuncio presidencial de que se aprobará el proyecto y se firmará un cont

A fines de 2013 el propio presidente de la República anunció, sin ningún prurito, que firmarían un contrato con la empresa india que impulsa el proyecto minero de Aratirí, en la zona de Valentines, aunque aún faltaba bastante para que la Dirección Nacional de Medio Ambiente pudiera expedirse al respecto. Como se sabe, este es un requisito ineludible para la eventual aprobación del proyecto, pero hay que subrayar que esta dilación no es responsabilidad del organismo estatal, sino de la empresa solicitante, que sigue sin remitir toda la información adicional que se le ha solicitado.

Como era de esperar, las críticas arreciaron, tanto desde los sectores sociales como políticos. Las endebles explicaciones que se ensayaron solo dejaron más en evidencia el debilitamiento institucional que los conductores del gobierno le siguen provocando al Ministerio de Medio Ambiente. De qué otra forma se puede interpretar el anuncio presidencial de que se aprobará el proyecto y se firmará un contrato, sin que se conozca el informe ambiental de la cartera especializada.

El proyecto minero de Aratirí involucra tres componentes, todos con alto impacto ambiental. Cinco minas a cielo abierto que llegarán a tener una profundidad de entre 200 a 400 metros, mediante el uso intensivo de explosivos. Un mineroducto de 240 kilómetros de largo, formado por dos cañerías que se colocarán a algo menos de un metro de profundidad, atravesando los departamentos de Treinta y Tres, Durazno, Florida, Lavalleja y Rocha, y afectando ríos, arroyos, cañadas, y áreas de monte indígena, humedales y palmares. Y la terminal portuaria en la zona de El Palenque (Rocha), localizada en la faja costera atlántica uruguaya, que es la más valiosa y mejor conservada del país.

Toda esta peligrosa movida se haría para explotar un yacimiento de hierro que, por su baja concentración metalífera, está al borde de la rentabilidad.

Si la decisión del presidente Mujica estaba tomada en diciembre del año pasado, ¿por qué no se firmó el contrato en enero, como se anunció?

Lo que seguramente incidió para su postergación -veremos hasta cuándo- fue la llegada del año electoral. Porque fue creciendo una muy fuerte movilización social opositora al proyecto en Valentines, con manifestaciones multitudinarias en la capital y el interior. Por su parte varios gobiernos departamentales se expresaron en contra de la megaminería en sus jurisdicciones territoriales. A ello se le suma que, conocidos los resultados de las elecciones internas de los partidos políticos (realizadas a mediado de año) el principal contendiente del candidato oficialis-ta para gobernar el país a par-tir del 1º de marzo de 2015, se ha manifestado públicamente contrario a la megaminería en Uruguay.

Parece obvio que, frente a estas circunstancias, firmar el mencionado contrato “contra viento y marea”, podría tener un costo político con incidencia en el resultado final de los comicios de octubre/noviembre, en los cuales la ciudadanía elegirá el nuevo presidente de Uruguay. Lo mismo ocurriría si el primer mandatario autorizara el arribo de los presos de Guantánamo antes de acto comicial.

Es una pena que esta sea la única razón por la cual el gobierno no ha desistido de su intención de tratar hacer algo de dinero mediante la minería metalífera a cielo abierto, a costa de una importante pérdida del patrimonio biodiverso nacional. 

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