Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Tiempo de oportunidades

El sábado pasado se conmemoró el “Día Mundial del Medio Ambiente”, recordando que el 5 de junio de 1972 en Estocolmo dio comienzo la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano; fue la primera cumbre que se organizó pensando en los problemas ambientales del planeta.

Se trató de un encuentro en el cual se formalizaron denuncias sobre la degradación ambiental y la contaminación transfronteriza. Su mayor aporte fue instalar por primera vez esta temática como asunto de interés de los estados miembros. Además dio como resultado la creación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, organismo dedicado a alertar, informar y capacitar a las naciones y a los pueblos a mejorar sus vidas.

A casi medio siglo de aquel hito, la conciencia y el compromiso de la sociedad sin duda han evolucionado mucho, aunque aún estamos lejos de que sean suficientes.

Es el segundo año que nos toca atravesarlo luchando contra la terrible pandemia ocasionada por el Sars-Cov-2, aunque ahora con el esperanzador horizonte de la inmunización de la población.

Ante la posibilidad cada vez más cercana de poner en marcha la reactivación de las actividades educativas, laborales, productivas, comerciales, turísticas, culturales y de esparcimiento, se podría aprovechar tan singular coyuntura para replantearnos una rectificación de rumbos, según cada caso, con el fin de darles mayores oportunidades de afianzamiento a los procesos más sostenibles de gestión disponibles.

O sea tomarnos muy en serio aquello de que las crisis también abren un abanico de grandes oportunidades que se deben aprovechar con inteligencia, compromiso y decisión. Estamos hablando de proponernos poner en práctica cambios innovadores -y hasta arriesgados en algunos casos- que en tiempos y circunstancias de mayor estabilidad se hace más difícil atreverse a introducir en la vida de la sociedad.

Sería una extraordinaria forma de contrarrestar tantos impactos negativos y traumáticos provocados por este fatídico coronavirus.

Muchos engranajes de la vida nacional se detuvieron y enlentecieron, provocando grandes impactos socioeconómicos en las naciones. Día a día se intenta revertir esa realidad a través del esfuerzo de las personas, las empresas, las instituciones y los organismos de gobierno, a través de medidas muy meditadas y calculadas que se ponen en práctica con la esperanza de que hagan posible una reactivación general que mejore la calidad de vida de todos. Se intenta en todo el planeta.

Es posible aprovechar esta coyuntura para estimular una reactivación general redoblando la apuesta con políticas y medidas que prioricen la sostenibilidad en su amplia acepción, estimulando y promoviendo inversiones en las cuales, por ejemplo, se jerarquice el uso de energía eléctrica en lugar de combustibles fósiles (producto importado), por contaminar significativamente menos, contribuir a mitigar el calentamiento global y reducir significativamente la contaminación del aire que respiramos en las ciudades. Otro tanto se puede hacer con la calidad del agua, la gestión sostenible de los residuos, la conservación de los suelos y la biodiversidad, y el estímulo de una agricultura más orgánica. Hay que intentarlo.

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