Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Algo está ocurriendo

Las conductas animales suelen resultar muy buenos indicadores (advertencias) de los cambios que se están produciendo en los ecosistemas.

Este año está ocurriendo algo muy singular con el comportamiento de las ballenas francas australes (Eubalaena australis), en su visita anual a nuestras costas.

Por primera vez se las ha observado alimentándose en nuestras aguas, agregando esta conducta a sus habituales cortejos reproductivos primaverales realizados en aguas más cálidas, como las nuestras.

Las exhaustivas observaciones que viene realizando el personal de la Organización para la Conservación de Cetáceos (OCC) con sede en La Paloma (Rocha), han confirmado que entre 80 y 100 ejemplares visitan nuestras costas oceánicas; y que por primera vez los ejemplares subadultos del grupo han decidido alimentarse, mientras los adultos proceden a ejecutar los rituales de apareamiento.

Estas ballenas -como todas las demás especies- tienen comportamiento alimentarios muy específicos e inconfundibles. La franca austral utiliza en estas latitudes uno denominado echelon, que incluye dos ejemplares comiendo de manera cooperativa, abriendo y cerrando las fauces en la capa superficial del mar, realizando una especie de tamizado para retener los materiales nutrientes. Esta conducta es la que inequívocamente se captó en nuestras aguas en esta temporada.

Es un comportamiento sin precedentes pues su alimentación a base del nutritivo y abundante krill ocurre en las frías aguas próximas a las islas Malvinas, durante el verano. Lo interesante del mismo es que también se ha observado en península Valdés (Arg.) pero desde hace ya una década.

¿Qué está ocurriendo en el atlántico sur occidental para explicar esta modificación de los hábitos de estos enormes mamíferos?

Los especialistas se inclinan a pensar que podría ser una consecuencia del cambio climático. Al modificarse las condiciones ambientales de los ecosistemas, las especies deben adaptarse a ellas de la manera más rápida y beneficiosa posible.

El calentamiento global está provocando un mayor deshielo de la Antártida. ¿Está afectando la disponibilidad de krill? ¿Las ballenas francas no encontraron alimento suficiente y por ello se están alimentando aquí, al hallar comida disponible por la habitual floración del zooplancton en esta época del año?; recordemos que aquí no hay krill.

Una de las consecuencias que podría tener este cambio conductual -en caso de mantenerse todos los años- sería favorecer el incremento de la biomasa pesquera de nuestras aguas. Si estos grandes cetáceos se alimentan en nuestras costas, abonarán sus aguas, poniendo muchos más nutrientes a disposición de la cadena alimentaria local (plancton, alevines de las diversas especies de peces, etc.), como sucede en todos los ambientes oceánicos en los cuales las ballenas se alimentan en grupo.

No cabe duda de que este fenómeno amerita prestarle mucha atención y profundizar los estudios.

La migración anual de las ballenas a aguas uruguayas es una bendición que debemos valorar en su justo término, no solo por formar parte de nuestro patrimonio natural, sino también porque contribuye con nuestro desarrollo sustentable.

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