Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Invisible y silencioso

Días atrás se publicó en estas páginas un interesante informe sobre la situación de la plombemia en Montevideo.

Desde aquel lejano agosto de 2000, cuando se conoció un primer caso infantil de contaminación por plomo en La Teja, hasta nuestros días, mucha agua ha corrido bajo el puente, especialmente en lo que tiene que ver con el conocimiento y seguimiento del problema, y las medidas que se deben aplicar.

Desde siempre el plomo ha estado muy presente en la vida de las personas. Las antiguas cañerías del sistema sanitario de las casas y edificios, el aditivo de las naftas usando tetraetilo de plomo, la pintura que recubrían las paredes de los hogares y sitios de trabajo, utensilio de cocina, hasta los recordados soldaditos de plomo que alegraron la vida de varias generaciones de niños, exponían a las personas a una contaminación en la sangre.

Y que afecta particularmente a los niños; siendo capaz de provocarle alteraciones en el aprendizaje y disminución del coeficiente intelectual.

Al año siguiente, el asunto ya había provocado una verdadera conmoción pública al detectarse casi 7.000 personas afectadas, de las cuales 5.450 eran niños (400 de ellos requirieron tratamientos más intensivos por los elevados niveles de contaminación).

Las fuentes principales del problema estaban vinculadas a actividades industriales y comerciales realizadas con mucha irresponsabilidad en materia del manejo de los materiales y de los residuos.

Desechos de empresas metalúrgicas que terminaron formando parte de escombros utilizados para rellenar terrenos donde, con el tiempo se construían viviendas y hasta escuelas; restos de baterías de auto abandonados en cualquier lugar; y quema de cables para extraerles el cobre, fueron y son fuentes de exposición al plomo por parte de los vecinos.

Pero no nos engañemos. No se trata de un tema pasado, sino actual a tener muy en cuenta.

Según el mencionado informe, el Ministerio de Salud Pública detectó 212 casos en 2018, 152 en 2019 y 76 el año pasado. ¿Pero, cuánto reflejan estos números la realidad en nuestro país?

Ignoramos el número actual de personas contaminadas por plomo en todo el territorio nacional; no disponemos de estudios exhaustivos de antiguos sitios en todo el país donde se desecharon esos materiales peligrosos para neutralizar tu toxicidad. Tampoco se consiguió hacer obligatorio un examen de sangre identificativo del plomo a todos los niños entre 1 y 4 años -tomando en cuenta la alta peligrosidad que su presencia significa para el normal desarrollo infantil y las secuelas permanentes que puede ocasionar.

Sí sabemos que el problema está presente en muchos barrios de Montevideo y seguramente del interior. También que el plomo contamina el aire, el suelo y el agua, lo que aumenta la dificultad de su eliminación.

Queda claro que en materia sanitaria y ambiental los desechos fuera de control siempre se pagan caros. Y cuando ocurren, nunca son responsabilidad de un solo organismo oficial.

Hay muchísimo por hacer. Recordemos que se trata de un temible enemigo que acecha en silencio y de manera invisible.

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