Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Hacerse cargo

Estamos presenciando una tragedia de proporciones descomunales en la región.

La ironía del destino quiso que aquel generoso país que recibió con los brazos abiertos a miles de exiliados de países latinoamericanos gobernados por dictaduras, hoy experimente dolorosamente el proceso inverso.

Según las cifras oficiales de Acnur -la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados- 4 millones de personas han abandonado Venezuela (cerca del 12% de su población).

Cerca de 1.3 millones ya han sido recibidos por Colombia, a un ritmo desenfrenado de entre 5 mil y 10 mil más cada día. Significa un crecimiento poblacional explosivo que viene acompañado de muchos problemas y dificultades, a pesar de las ayudas recibidas de organismos internacionales y de otros países.

Los dramas familiares son infinitos, desde familias enteras que emprendieron el viaje, hasta aquellas parejas que dejaron a sus niños y mayores para afrontar el desafío de buscar un sustento básico en otro país, sin arriesgarlos en el intento.

Acnur puntualiza que la enorme mayoría son personas muy pobres, por lo tanto, extremadamente vulnerables. Venezuela padece hoy una pobreza crítica del 80% de su gente.

¿Cómo es posible que esta tragedia humanitaria esté ocurriendo en nuestro continente en pleno siglo XXI?

Estas personas están huyendo de su tierra, de su patria para sobrevivir. La situación impuesta por un gobierno autoritario -enquistado en el poder- que ha pisoteado todos los derechos humanos de aquellas personas que no piensan como él, y que ha sumergido a buena parte de la población a un nivel de vida de supervivencia, es la razón principal para provocar esta migración forzada, que nunca debió ocurrir.

Esta marea humana de venezolanos que recorre dolorosamente los caminos de la región, ocurre por terribles decisiones tomadas por personas que decidieron ignorar el estado de derecho. Las ideologías enfermizas logran resultados increíbles como que personas educadas, que creen en el sistema republicano de gobierno, que han luchado por los derechos humanos cada vez que éstos han sido amenazados, ahora duden, miren para otro lado, o descaradamente le busquen justificación a un régimen caracterizado por los abusos y atropellos, simplemente porque responde a pensamientos políticos afines.

¿La misma postura esas personas habrían asumido si el gobierno de Maduro fuera de derecha?

Se trata de una complicidad de la que hay que hacerse cargo, como sucede con el gobierno del Frente Amplio,. Muy presto y categórico en su momento a reaccionar y votar la suspensión de Paraguay del Mercosur cuando su parlamento destituyó al presidente Lugo -mediante la activación de un mecanismo constitucional-, pero haciéndose el distraído, frente a las muertes de inocentes civiles y estudiantes provocadas por las fuerzas de choque chavistas, a los políticos y ciudadanos presos por pensar distinto, a la clausura de medios de comunicación críticos, etc.. Si alguien tenía alguna duda, allí está el lapidario informe de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a quien no podrán acusar de ser de derecha.

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