Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Ganadería siglo XXI

Se inició en el país un proyecto innovador, enfocado a aumentar la producción ganadera, pero reduciendo sus impactos ambientales.

Se denomina “Ganadería climáticamente inteligente y restauración del suelo en pastizales uruguayos”, porque pretende lograr carnes de mayor interés para el mercado internacional pero, al mismo tiempo consiguiendo reducir las emisiones de metano entérico del ganado y reparar suelos dañados.

Si bien nuestro país está muy lejos de integrar la nómina de naciones con mayor responsabilidad en el calentamiento global por emisiones de gases de efecto invernadero, de cualquier manera le corresponde una cuota parte en ese grave problema que jaquea a la humanidad.

El 76% de nuestras emisiones se generan en la ganadería productora de carne, lana y leche. Y dentro de esas emisiones, el metano se ubica en la cima, lo que constituye una mala noticia en el sentido de que es de los gases con mayor capacidad de calentar la atmósfera, como resultado de la retención de la radiación solar reflejada por nuestro planeta. Con respecto al CO2 (principal gas de invernadero presente en la atmósfera) el metano posee una capacidad 23 veces mayor de calentamiento global.

La ganadería nacional también produce otro gas de invernadero: el óxido de nitrógeno. Casi la totalidad es de origen agropecuario.

Es por esto que a la hora de aplicar estrategias de mitigación del cambio climático, nuestro país debe enfocarse en la ganadería como sector prioritario.

Desde luego tendremos éxito en la medida que estos esfuerzos signifiquen también un aumento en la producción y en la calidad de la misma. Productos de tales características tienen asegurado un interesante nicho en los mercados internacionales, cada vez más exigentes en cuanto a que las cadenas de producción sean sustentables y cuidadosas con el ambiente.

Este proyecto piloto, previsto para los próximos cuatro años, además de producir más carne de calidad con menos emisiones, persigue la restauración de tierras degradadas, el aumento de la resiliencia (capacidad de adaptarse al cambio climático), la protección de la calidad del agua y de la biodiversidad, y lo que resultará decisivo para su éxito, que consiga elevar los ingresos de los productores (especialmente los familiares) dándoles mayor estabilidad.

Hoy la producción ganadera está muy condicionada por factores negativos como el sobrepastoreo, la falta de sombra, abrigo y agua. Se pretende cambiar estas variables para que desaparezcan de manera permanente.

Para lograrlo será necesario fortalecer las coordinaciones entre el accionar de sectores claves como el productivo, el científico-tecnológico y el político. Resulta impensable avanzar en esta dirección sin lograr un trabajo arduo entre los productores agropecuarios, los técnicos y especialistas, y las instituciones dedicadas y vinculadas a la producción nacional.

La ejecución del proyecto le corresponde al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, contando con la coordinación de su par de Medio Ambiente. Cuenta con el apoyo de la FAO y la financiación del Fondo Mundial para el Medio Ambiente.

Confiemos en que resulte exitoso.

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