Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Eliminar el problema de raíz

Las autoridades competentes emprendieron una inusual campaña de erradicación de una voraz especie invasora en el departamento de Cerro Largo.

Efectivos del Ejército intentarán eliminar todos los ejemplares de rana toro (Lithobates catesbeianus) detectados en los campos cercanos a Aceguá.

Se trata de un anfibio originario del este de Estados Unidos, caracterizado por su gran porte —puede llegar a pesar un kilo— y con una gran capacidad de adaptación a ambientes lacustres.

Hace unas tres décadas el Ministerio de Ganadería impulsó la creación de granjas de rana toro con fines comerciales (consumo humano de "ancas de rana") debido al atractivo precio internacional del producto. Pero el negocio no prosperó y con el paso del tiempo finalmente fue abandonado.

¿Qué sucedió con los criaderos? Buena pregunta. Desde el Poder Ejecutivo no se controló, como corresponde, el correcto cierre de las granjas, para evitar que algunos ejemplares escaparan o fueran liberados al medio natural. Dar este paso siempre es crucial porque las especies exóticas (foráneas) pueden transformarse en invasoras (se establecen y propagan por su cuenta) alterando negativamente los ecosistemas, los hábitats y las especies nativas —depredación, transmisión de enfermedades, etc.

En nuestro país existe una amplia lista de especies invasoras, tanto de fauna como de flora. A simple vista es muy difícil percatarse de los daños. Pero están presentes para el ojo del experto o del productor rural.

La experiencia dice que es muy difícil erradicar a una especie invasora, aunque todo lo que se logre en esa dirección sin duda tendrá efectos ambientales positivos.

Hay que destacar la medida tomada por las autoridades porque reacciona ante el problema cuando aún es incipiente, lo que aumenta sus posibilidades de éxito y minimiza la ocurrencia de daños.

Quizás esta circunstancia pueda considerarse de poca importancia, pero la experiencia internacional nos enseña lo contrario.

Importa subrayar que no se trata de un tema solo de fauna sino de servicios ambientales, o sea de cuidar la "salud" de aquellos procesos y funciones que cumplen nuestros ecosistemas por ser corresponsables del mantenimiento de la vida, que generan amplios beneficios intangibles e indirectos que inciden en el bienestar de las personas y las comunidades.

Este concepto abstracto dificulta su comprensión y valoración. Por eso nos sentimos más cómodos hablando de bienes ambientales por ser productos tangibles de la naturaleza a los que solemos asignarle valores económicos, y con ello condicionamos su gestión. Es el caso del agua, la madera, los peces y la tierra.

En cambio, los servicios ambientales demandan nuestra máxima atención porque son los pilares que sostienen nuestras condiciones de vida, como por ejemplo la regulación del clima, el control de la erosión del suelo, los sistemas naturales de purificación del aire y del agua, la regeneración de la cubierta verde del suelo.

Por eso erradicar especies invasoras agresivas como la rana toro es un objetivo nacional que merece toda nuestra atención, al igual que debemos curar una afección en un órgano de nuestro cuerpo, aunque no sea vital.

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