Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Educación es la clave

Estamos inmersos en una asombrosa e imparable revolución tecnológica, caracterizada por su avasallante capacidad transformadora, tanto del mundo en general como de nuestra cotidianidad en particular.

No da respiro y, por lo tanto nos obliga a esforzarnos como podamos para “no perder el tren”. Las dos caras de la moneda son, por un lado las numerosas crisis presentes en el planeta, y por otro el sinnúmero de oportunidades que está generando.

Una de las características más sorprendentes de la actualidad es que nunca antes las nuevas generaciones han tenido tanto protagonismo para redefinir el presente próximo. Si coincidimos en esta apreciación resulta evidente que el terreno más crítico a atender es el de la educación.

¿Cómo educar? ¿Para qué “mañana”? ¿Cuáles son los contenidos relevantes a compartir? ¿Qué niveles de actualización docente hay que implementar? ¿Cuáles serán los aspectos críticos a evaluar en los educandos a la hora de decidir sus progresos pedagógicos? ¿Con qué recursos tecnológicos contaremos?

Estamos vislumbrando una revolución educativa sin precedentes porque así lo impone la realidad.

Debemos preparar a los más jóvenes para que desde ahora, pero especialmente para cuando tomen el timón de la sociedad, sean capaces de reconstruir este mundo magullado para hacerlo más equilibrado y pacífico.

Sabemos que la crisis ambiental es una materia pendiente. Nuestra administración de los ecosistemas y de los recursos naturales ha sido descuidada, torpe y en muchos aspectos irresponsable. Las facturas llegan con rapidez, como sucede en todos los continentes por ejemplo con el cambio climático, la escasez de agua, la desertificación y la pérdida de biodiversidad.

Al mismo tiempo el desarrollo económico -esencial para elevar la calidad de vida de las personas- ha tomado diferentes rumbos con resultados diversos, porque si bien es cierto que nunca antes en la historia tanta gente ha conseguido un nivel digno de vida como ahora, también lo es el hecho de que cientos de millones no consiguen satisfacer sus necesidades básicas diarias. Queda claro que debemos encaminar la evolución social hacia procesos sustentables basados en el equilibrio y la equidad.

La educación es el área transformadora de la sociedad por excelencia. Nada se acerca a disputarle su mayúsculo protagonismo en la construcción y reconstrucción social, cultural y laboral. Hacia allí hay que dirigir los mayores esfuerzos, pero considerando especialmente el paso avasallante impuesto por la revolución tecnológica ya instalada.

Necesitamos trabajar duro en el terreno formal, el no formal y el informal, porque se trata de un desafiante proceso en construcción basado en valores, en nuevos conocimientos y en la jerarquización como nunca antes del pensamiento crítico.

Con la misma naturalidad con que las innovaciones tecnológicas tomaron buena parte del control del mundo de la producción, de la investigación y del conocimiento, también debemos aceptar confiados que ocupará a la brevedad su nicho en los procesos de la educación moderna, porque el mundo ya está encaminado a una realidad global, aunque conservando sus singularidades.

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