Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Custodios de la naturaleza

Aunque mucho hemos avanzado en lo que tiene que ver con la toma de conciencia acerca de la importancia que tiene la conservación de la naturaleza, siguen ocurriendo hechos increíbles y trágicos en nuestro continente.

Aunque mucho hemos avanzado en lo que tiene que ver con la toma de conciencia acerca de la importancia que tiene la conservación de la naturaleza, siguen ocurriendo hechos increíbles y trágicos en nuestro continente.

La creación de sistemas nacionales de áreas protegidas en la región ayuda enormemente a la conservación y preservación de ecosistemas. Garantizan los servicios ambientales y mantienen disponible para el conocimiento humano, un enorme acervo de información de potencial incalculable.

Los servicios ambientales son los procesos y funciones de los ecosistemas que, además de influir en el mantenimiento de la vida, generan amplias ventajas y bienestar para las personas y las comunidades. Se trata de todos aquellos beneficios intangibles, cuyo uso –si es que lo tiene-, es indirecto, como por ejemplo el control de la erosión del suelo, la regulación del clima, la disponibilidad general de los recursos hídricos de una región y la calidad de las aguas, y hasta la belleza escénica de un sitio. Un deterioro brusco de cualquiera de ellos podría transformar una zona fértil en árida o comprometer la seguridad alimentaria de poblaciones enteras. Por eso es tan seria la amenaza del cambio climático, debido a su carácter global.

En este contexto de valoración de la conservación como una estrategia clave para el desarrollo sustentable de todos los países, la profesión de guardaparque cumple un papel clave en la educación del público, así como en el cuidado de las áreas asignadas, por ser expertos custodios de una fracción del patrimonio nacional de la diversidad biológica.

Su trabajo suele colisionar con intereses particulares y corporativos y, desde luego, con muchas actividades ilegales vinculadas a la extracción y posesión de los recursos naturales y la ocupación de tierras.
El resultado es lamentable. Buena parte de las personas que se desempeñan como guardaparques en algún momento han sido amenazadas de muerte. Por las características generales de su trabajo están particularmente expuestos, debido a la soledad de los parajes donde trabajan, y a que la gran mayoría de las personas que realizan actividades furtivas suelen estar armadas.

Por eso es tan importante la realización permanente de tareas bien planificadas, con el fin de incluir todo lo que se pueda a las comunidades locales en los planes de conservación de las áreas. El nivel de participación que se logra marca la gran diferencia entre lugares bien aprovechados por la comunidad, y aquellos en los cuales persisten importantes conflictos de intereses y actividades ilícitas.

Según el número de noviembre de la publicación “Áreas Naturales Protegidas y Guardaparques” los guardaparque caídos en estos años en cumplimiento de su deber en las Américas ascienden a 17 en Colombia, 11 en Bolivia, 9 en Argentina, Guatemala y Estados Unidos, 8 en Canadá (Quebec), 6 en Perú, 5 en Paraguay y Panamá, 3 en Costa Rica, México y El Salvador, 2 en Brasil, Puerto Rico y Venezuela y 1 en República Dominicana. Incluye a fallecidos por accidentes. Los enfrentamientos con violencia han provenido mayormente de cazadores furtivos, mineros, madereros, palmiteros, pescadores y ocupantes ilegales de tierras.

El trabajo valiente y silencioso de los guardaparques merece mayor apoyo y reconocimiento.

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