Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Brasil da el ejemplo

En la columna anterior comentamos el cierre transitorio de actividades de la usina termoeléctrica “Presidente Médici” de Candiota (Brasil), y la aplicación de una cuantiosa multa pecuniaria por la constante contaminación ambiental que su funcionamiento produce -local y transfronteriza-, lo que afecta severamente la salud de las poblaciones y de los ecosistemas.

En la columna anterior comentamos el cierre transitorio de actividades de la usina termoeléctrica “Presidente Médici” de Candiota (Brasil), y la aplicación de una cuantiosa multa pecuniaria por la constante contaminación ambiental que su funcionamiento produce -local y transfronteriza-, lo que afecta severamente la salud de las poblaciones y de los ecosistemas.

La Justicia dispuso su reapertura condicionada al cumplimiento de una serie de medidas paliativas a la contaminación que provoca.

A esta altura de los acontecimientos, estas opciones no deberían integrar la matriz energética de ningún país, pues forma parte del cumplimiento de los compromisos asumidos el año pasado por las naciones del mundo, y contenidos en el Acuerdo de París (que afortunadamente entrará en vigor el próximo 4 de noviembre).

Una de las funciones que debe cumplir un Estado responsable es enviar a la sociedad señales claras y contundentes en los temas estratégicos, como lo es la producción de energía con el debido cuidado ambiental.

El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de Brasil tomó una decisión que merece el mejor elogio, y demuestra la madurez de sus actuales autoridades. Anunció que ya no financiará nuevos proyectos de construcción de centrales termoeléctricas a base de carbón y de petróleo. También redujo su respaldo a las grandes centrales hidroeléctrica que tan elevado impacto ambiental tienen. En cambio, aumentó su apoyo a la financiación de la energía solar, y mantuvo lo que viene haciendo en el desarrollo de la eólica, mini represas hidroeléctricas y biomasa.

Se trata de una nueva estrategia diseñada para el sector energético del país, en acuerdo con el Ministerio de Minas y Energía y la Agencia Nacional de Energía Eléctrica, con el fin de contribuir a la expansión de las fuentes de energía alternativa en la matriz energética brasileña. Y al mismo tiempo demuestra que el gobierno brasileño quiere cumplir con sus compromisos de bajar sus emisiones de gases invernadero, asumidos en la última Cumbre de Cambio Climático.

Esta decisión tendrá un impacto enorme. La Asociación Brasileña de Carbón Mineral señaló categóricamente que se trata de una señal económica dada para los inversores, de que no habrá más interés en promover los combustibles fósiles en el país. La cataloga de un error enorme que compromete toda posibilidad de renovación del parque térmico actual, y de inversión en nuevos emprendimientos como los cuatro que hay en vista: tres nuevos en Candiota y uno en Piedra Alta. Recordemos que el estado de Río Grande del Sur concentra casi el 90% de las reservas brasileñas de carbón.

Aunque nada impida la construcción de nuevas centrales termoeléctricas en Brasil, estas tendrán que ser con financiamiento privado.

Lo resaltable de esta histórica decisión es que una de las potencias económicas del mundo -que además ya ratificó el Acuerdo- adoptó una primera decisión práctica en materia de políticas energéticas estratégicas post París, que implica un compromiso real de enderezar el rumbo hacia el uso de energías más limpias, dejando de lado la posibilidad de explotar grandes yacimientos de carbón que aún tiene en el sur.

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