Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

¡A las urnas!

Así se tituló el último artículo que escribió Francisco Lavandeira antes de su sacrificio defendiendo precisamente una urna de votación cuando el golpe de estado de 1875. El asesinato de Lavandeira en el atrio de la Catedral es uno de los tantos episodios heroicos en la historia del Partido Nacional, marcada a fuego por la defensa del interés nacional y la Libertad.

Así se tituló el último artículo que escribió Francisco Lavandeira antes de su sacrificio defendiendo precisamente una urna de votación cuando el golpe de estado de 1875. El asesinato de Lavandeira en el atrio de la Catedral es uno de los tantos episodios heroicos en la historia del Partido Nacional, marcada a fuego por la defensa del interés nacional y la Libertad.

Con profundo sentido histórico de honda raíz blanca lo expresó Wilson Ferreira en su discurso de la explanada de la Intendencia de Montevideo, a la salida de su prisión: “Nosotros hemos luchado contra la dictadura desde el día mismo que se instauró, pero hemos luchado por las libertades desde el día mismo que se fundó la Patria”.

Afortunadamente nuestro tiempo es más civilizado. Podemos manifestar nuestras opiniones abiertamente sin correr riesgos y el próximo domingo sabemos que surgirá un nuevo Parlamento emanado del voto popular y en un mes el próximo gobierno. La continuidad democrática desde 1985 debe enorgullecernos a los uruguayos de todos los partidos, así como la alternancia en el poder es un signo de madurez cívica que no debemos perder.

Llegamos al tramo final de la campaña con un panorama despejado, salvo acontecimientos impredecibles habrá segunda vuelta, no habrá mayoría propia de ningún partido y el 30 de noviembre elegiremos presidente entre Luis Lacalle Pou y Tabaré Vázquez.

La campaña no ha sido inocua, analizando las tendencias de largo plazo se observa nítidamente en cualquiera de las encuestadoras que el Partido Nacional ha crecido y el Frente Amplio ha bajado. Las últimas semanas han sido claramente positivas para los blancos, con presentación de equipos y propuestas, la caravana más grande de su historia en Montevideo y actos de campaña multitudinarios en el interior. En tanto el Frente Amplio ha mostrado una creciente inconsistencia en sus propuestas y promesas desesperadas de último minuto mal formuladas como los absurdos vouchers escolares de Vázquez que no sabe ni a quién se le darán ni para que centros educativos son. Si faltaba algo la pelea pública entre el presidente Mujica y el candidato demostró que el nerviosismo cunde en filas oficialistas.

El semblante de la campaña tampoco es un tema menor. Mientras el Partido Nacional ha mantenido la alegría a pesar de los ataques sobre Luis Lacalle Pou, el Frente ha desatado una feroz campaña de miedo, sembrando cucos y desvirtuando o directamente mintiendo sobre las propuestas ajenas. La campaña del continuismo se parece mucho, demasiado, a la que en los setenta desplegaba el oficialismo de la época contra el propio Frente Amplio, al grado de que muchos frentistas de la primera hora ya no se reconocen en un partido con el mismo nombre pero esencialmente distinto. La lucha del poder por el poder mismo lo ha corroído desde sus entrañas.

Hoy se cierra una etapa y el domingo comenzará otra breve pero decisiva para el futuro del país. Las cartas están sobre la mesa, se conocen las propuestas y los candidatos y en unas horas más sabremos el veredicto del soberano. El Uruguay necesita mirar hacia adelante sin generar divisiones artificiales y procurando una sociedad más libre y justa. La esperanza nacional que convoca a todos se encuentra bajo la bandera del Partido Nacional, que una vez más sabrá responder al llamado de la historia.

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