Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Smith y los órdenes espontáneos

Adam Smith no es un defensor ingenuo del libre mercado; desemboca en sus conclusiones luego de un minucioso análisis de sus beneficios e inconvenientes.

Un aspecto central del pensamiento de Smith que atraviesa toda su obra es la teoría de los órdenes espontáneos. Durante sus trece años como profesor en la Universidad de Glasgow, primero dictando Lógica y Metafísica y luego, por más de una década Filosofía Moral, va desarrollando sus ideas. Esta última asignatura incluía cuatro materias: Teología, Ética, Jurisprudencia y Economía Política. Parte de sus ideas en estos asuntos se plasmaron en sus dos obras más conocidas La riqueza de las naciones y La teoría de los sentimientos morales.

Para Smith la propensión de los seres humanos a interactuar y trocar bienes, ideas u opiniones es fundamental para el desarrollo de lo que podemos definir como órdenes espontáneos. Es importante notar que no se limita al mercado, por el contrario, abarca las instituciones que determinan el marco para la conducta social e incluso la propia moral que, como previamente había planteado David Hume, no es producto de nuestra razón.

La interacción humana, cuando se da en un marco de "libre comunicación de sentimientos y opiniones" es la que va permitiendo que se descubran las normas formales e informales que por un proceso de ajuste libre y espontáneo van delineando lo que en sentido amplio podemos llamar instituciones.

Un ejemplo claro de orden espontáneo es lo que ocurre con los distintos idiomas, que no fueron planificados por nadie, sino que surgen y se van modificando a partir de millones de millones de conversaciones descentralizadas y lo que va funcionando se extiende mientras que otras palabras o expresiones van cayendo en el olvido. Las academias de letras, en todo caso, recogen la realidad, pero no la crean ni la cambian.

Lo mismo ocurría, hasta hace no demasiado tiempo en términos históricos, con el Derecho.

Los grandes códigos sintetizaban el orden espontáneo que develaba la jurisprudencia, no se inventaban delitos ni se establecía legislación more geométrico por decisión de una autoridad. El derecho romano o el common law inglés son buenos ejemplos de estas prácticas.

Para Smith la moral surge del orden espontáneo por el que las personas van aceptando y condenando las conductas de sus semejantes y las propias.

Ciertamente no era un relativista, pensaba que un "espectador imparcial" era una buena vara de estas conductas, pero el descubrimiento se debía a un largo proceso de interacción, si este era suficientemente libre.

El mercado, naturalmente, también es otro orden espontáneo que les permite a las personas interactuar a través de un proceso de descubrimiento de las mejores formas de satisfacer sus necesidades. Allí encuentra su explicación la tantas veces mal interpretada metáfora de la "mano invisible" que no es ninguna apelación a la providencia ni a ningún fenómeno sobrenatural, sino simplemente una imagen ingeniosa para explicar cómo las sociedades arriban a soluciones que fueron producto de la acción pero no del designio de ninguna persona.

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