Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Rousseau y el mundo de hoy

Para finalizar la serie de artículos sobre Rousseau vamos a analizar la influencia de sus ideas en el debate contemporáneo, especialmente en el discurso de cierta izquierda, crítica de la economía de mercado y la democracia liberal.

Este criticaba la sociedad comercial de su tiempo con ideas que nos suenan familiares; el consumismo que genera, la dependencia de la opinión de los demás, la contaminación de la convivencia en una sociedad organizada en base al lucro y el egoísmo que produce una gran desigual-dad de ingresos o la idea de que las mayorías están por encima de los derechos de las personas.

Cada uno de estos conceptos está presente, en mayor o menor medida, en el discurso de las izquierdas, aunque las propuestas consecuentes puedan abarcar una amplia gama que va desde lo atendible a lo disparatado.

Los argumentos económicos los solemos escuchar frecuentemente. Desde el Papa Francisco a José Mujica se ataca al “sistema vigente” porque se arguye que fomenta un consumismo desenfrenado que nunca satisface a las personas y conduce a la infelicidad, exactamente lo mismo que había dicho Rousseau. Critican la desigualdad de ingresos y la falta de solidaridad, señalando que millones de personas en el mundo viven en condiciones de pobreza extrema.

Cada una de estas ideas, por cierto, pueden ser rebatidas, como en su momento lo hizo Adam Smith con su particular sentido común. El egoísmo y el consumismo no son creados por el mercado, están siempre presentes en la naturaleza humana, como lo demuestra sobradamente la vida de excesos de los dictadores comunistas y sus familias. Y la desigualdad de ingresos también siempre está presente, con la diferencia que quien prospera en una economía de mercado lo hace satisfaciendo una necesidad de la sociedad, mientras que en una economía planificada lo hacen a la fuerza, quienes controlan el poder.

Existe incluso un problema anterior. La prosperidad surge necesariamente en sociedades que basan su producción y distribución en algún tipo de economía de mercado, las economías planificadas no logran generar riqueza que repartir, como lo demuestra palmariamente el caso de los dos Coreas, entre muchos otros. La crítica a la pobreza generada por el capitalismo es cínica y mentirosa, ya que la riqueza generada por la cooperación libre y voluntaria de las personas es lo que ha abatido extraordinariamente la pobreza en el mundo en las últimas décadas y son los países menos libres donde sigue existiendo el mayor número de pobres.

Desde el punto de vista político, también las ideas de Rousseau persisten en cierta izquierda, que piensa que las personas son libres mientras voten sin importar cuáles son sus derechos, incluso conculcándolos. La idea de que existe una voluntad general conocida por algunos iluminados en oposición a los derechos de las minorías o la idea de la democracia ilimitada, en que las mayorías circunstanciales pueden resolver sobre cualquier asunto aun violando los derechos humanos, también es un legado de Rousseau.

En definitiva, es claro que Rousseau sigue teniendo una gran influencia en nuestro debate de ideas y conocer su genealogía y detectar sus errores y exabruptos es clave para lograr alcanzar sociedades más libres, justas y prósperas.

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