Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

El relativismo moral y la política

Toda la novela que ha estado viviendo el Uruguay en torno al título académico de Raúl Sendic no tiene gollete. En medio de las crecientes dificultades de todo tipo que estamos enfrentando es terriblemente irracional el lío en que nos metió el vicepresidente y su irresponsabilidad.

Toda la novela que ha estado viviendo el Uruguay en torno al título académico de Raúl Sendic no tiene gollete. En medio de las crecientes dificultades de todo tipo que estamos enfrentando es terriblemente irracional el lío en que nos metió el vicepresidente y su irresponsabilidad.

Más allá de las mentiras de Sendic y de la estupidez de no salir del tema de la única forma decente que tenía que era admitir que se equivocó y pedir disculpas, algo que cualquier buen cristiano hubiera aceptado, su sector y luego todo el Frente Amplio respondieron atacando al sistema político y a los medios de prensa. La estrategia no es nueva pero es inmoral, más inmoral que la mentira primigenia.

El delirio y la falta de conexión con la realidad llevaron a algunos legisladores frentistas a afirmar que se trata de una conspiración internacional y luego al Plenario del Frente Amplio a aprobar una declaración echándole la culpa de todo a la oposición y a la prensa. Salir de un problema en que las culpas son propias enchastrando a diestra y siniestra es maquiavélico, en particular, porque se termina atacando lo que se pregona defender.

En efecto, quienes terminan generando descrédito en la democracia y mancillando las instituciones de la República son Sendic y el Frente Amplio y no por el pecado original, sino por la sospecha que siembra una acusación tan terrible y que saben perfectamente bien que es falsa.

Todos tenemos claro que no existe una conspiración de la CIA, los partidos de la oposición y los medios para voltear el gobierno del Frente Amplio. En nuestro país somos pocos y nos conocemos, no existe esa coordinadora golpista y nadie en su sano juicio puede imaginar que los líderes políticos opositores y los periodistas de los medios se pudieran prestar para algo de ese calibre. Pero al formular esa acusación el Frente Amplio sí genera descrédito en la democracia porque demuestra que la mitad del sistema político que son ellos mismos son capaces de cualquier cosa por permanecer en el poder y que ese poder que ejercen desde hace más de una década los ha corrompido. Negar la realidad y dañar al país para salir de un problema político es indigno de la propia historia del Frente Amplio y por eso hay tantos frenteamplistas furiosos con sus propios dirigentes.

Y así llegamos al tema de fondo que es el que debería concitar mayor atención y preocupación; el relativismo moral en el que estamos anegados y que sí constituye una verdadera amenaza para nuestra democracia y nuestra convivencia pacífica. Karl Popper lo puso en negro sobre blanco: “El relativismo es la postura según la cual se puede aseverar todo, o casi todo, y por tanto nada. Todo es verdad o nada. La verdad es algo así sin significado” De forma más cínica se expresa en una de las célebres Leyes de Murphy sobre la política: “Todos mienten, pero no importa, porque nadie escucha”.

Este clima de debate público en que campea el relativismo moral y cualquiera dice cualquier disparate impunemente que igual su partido lo defiende es veneno puro para la democracia y, en este caso, para el Frente Amplio. La solidez de nuestro sistema político, de la que tanto nos enorgullecemos, depende de la credibilidad de cada uno de los partidos y la gente no es tonta y se da cuenta cuando le están mintiendo en la cara.

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