Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La regla fiscal

Pocas veces una coyuntura económica en el Uruguay ha dado lugar a diagnósticos tan contrapuestos como los que hemos visto esta semana. En cuanto a la situación fiscal, por un lado Ernesto Talvi, en la clásica presentación de CERES, afirmó que tendremos “el peor resultado de que se tenga noticia en los últimos 40 años en el pico de un ciclo económico”. La respuesta del Ministro Mario Bergara no se hizo esperar, contestando que “El Estado cuenta con la mejor posición económica y financiera de las últimas cuatro décadas.”

Pocas veces una coyuntura económica en el Uruguay ha dado lugar a diagnósticos tan contrapuestos como los que hemos visto esta semana. En cuanto a la situación fiscal, por un lado Ernesto Talvi, en la clásica presentación de CERES, afirmó que tendremos “el peor resultado de que se tenga noticia en los últimos 40 años en el pico de un ciclo económico”. La respuesta del Ministro Mario Bergara no se hizo esperar, contestando que “El Estado cuenta con la mejor posición económica y financiera de las últimas cuatro décadas.”

Otro debate más profundo y relevante es cuál ha sido el impacto del crecimiento en otros temas fundamentales para el país como la educación, la seguridad, la salud, etc. Aquí también tenemos visiones claramente encontradas. Talvi sostiene que Uruguay “ha tenido crecimiento sin desarrollo”, la posición del oficialismo, naturalmente, es la contraria.

Concentrémonos por hoy en el primer asunto, la situación fiscal y macroeconómica general. ¿Quién tiene razón? Puede existir cierta confusión al no hacer alusión las afirmaciones de ambos exactamente el mismo tema. La situación fiscal del país es sin dudas mala, considerando especialmente la fase del ciclo económico que atravesamos. Eso no deja lugar a dudas y así lo han expresado casi todos analistas. Pero Bergara, hábilmente, no se refiere específicamente a la situación fiscal sino a la económica y financiera. La economía es suficientemente amplia como para poder incluir temas que admiten otros matices, y la situación financiera el mismo Talvi la destacó como un punto favorable.
Más allá del intercambio, creo que detrás de la posición de Talvi y la que elude Bergara está el problema de fondo de nuestra actual coyuntura, origen de los principales desequilibrios macroeconómicos, del déficit, del endeudamiento, de la inflación, etc.: el brutal crecimiento del gasto público y para peor de una tremenda ineficiencia.

Se puede apreciar detrás de los insólitos problemas macroeconómicos del país la incoherencia de las distintas políticas, fiscal, monetaria, cambiaria, de ingresos, etc. pero con una clara influencia distorsionante de un crecimiento del gasto público exuberante. Este tema está suficientemente claro, y no es nuevo en el país, lo hemos visto muchas veces, así como su agudización en los años electorales.

Este problema va a estar siempre presente mientras no entendamos de una buena vez que es necesario que la política fiscal se encuadre dentro del marco de los intereses nacionales en el largo plazo en vez de los partidarios o sindicales en el corto. ¿Cómo se puede hacer eso? Sólo a través de la implementación de una regla fiscal que tiene la virtud de obligar a los gobierno a ahorrar cuando el crecimiento es superior a lo normal para formar un fondo de estabilización para disponer de él cuando el crecimiento sea inferior a lo normal.

Por cierto que su puesta en práctica tiene problemas importantes, como el momento en que se implementa, cómo se define la tasa de crecimiento “normal” o de largo plazo, quién administra el fondo de estabilización, para qué puede utilizarse, entro otros. Pero debemos convencernos de que mientras no logremos alcanzar los consensos necesarios para que la regla fiscal sea una realidad será muy difícil mantener una política económica consistente.

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