Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

¿Nueva inserción internacional?

En materia de política exterior el nuevo gobierno parece que fuera de un partido distinto al anterior. Quizá porque comprobaron los pésimos resultados de la antigestión de Mujica, nuestros peligrosos nuevos amigos, la falta de rumbo, el desprestigio internacional que ganó por mérito propio o los genes blancos que le quedan a Nin Novoa, lo cierto es que hubo un cambio muy saludable que ojalá sea persista en el tiempo.

En materia de política exterior el nuevo gobierno parece que fuera de un partido distinto al anterior. Quizá porque comprobaron los pésimos resultados de la antigestión de Mujica, nuestros peligrosos nuevos amigos, la falta de rumbo, el desprestigio internacional que ganó por mérito propio o los genes blancos que le quedan a Nin Novoa, lo cierto es que hubo un cambio muy saludable que ojalá sea persista en el tiempo.

Nada más gráfico que los insultos del dictador Maduro hacia nuestro democrático vicepresidente y la atinada respuesta de la Cancillería (impensable en manos del genuflexo Almagro) para percibir el viraje. Evidentemente no todo el Frente Amplio está contento con este camino, como comprobamos en las reacciones poco patrióticas e injustificables de Xavier y Topolansky que se alinearon con Venezuela.

Resta saber si el bienvenido cambio de actitud y posicionamiento traerá aparejado un cambio en la estrategia de inserción internacional. En lo previo hay argumentos para ambos lados. Las declaraciones del ministro de Economía son auspiciosas, pero sabemos que no tienen ningún peso político ni apego a su palabra. Por otra parte, debemos recordar que en su primer gobierno Tabaré Vázquez fue partidario de firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos que quedó trunco por la oposición interna, del Pit-Cnt y de algunas cámaras empresariales.

Para definir la nueva política exterior se ha reflotado el viejo término del “regionalismo abierto” que entraña ciertos peligros. Como definición sin precisiones no quiere decir mucho y en todo caso siembre recogió amplios consensos el planteo de que la región, y en particular el Mercosur, además de un mercado común sirva como plataforma para negociar acuerdos con otros países o bloques comerciales.

Sin embargo, la experiencia enseña que es difícil lograr avances significativos por ese sendero. Más aún si solo esperamos avanzar en nuestra inserción internacional vía Mercosur vamos a encarcelarnos en un “regionalismo cerrado”.

Con pragmatismo, hay que reconocer al Mercosur como un dato de la realidad que no podemos abandonar porque lo necesitan empresas importantes para el país por su generación de valor agregado y mano de obra. Pero de allí a resignarse a no hacer nada media un abismo. Debemos retomar una política activa de búsqueda de oportunidades comerciales y de inversión en todo el mundo, comenzando por un acercamiento efectivo a la Alianza del Pacífico pero también Europa, Estados Unidos y los países asiáticos.

No será fácil fortalecer la institucionalidad del Mercosur en las circunstancias que viven Argentina y Venezuela, así como tampoco será sencillo negociar en conjunto acuerdos relevantes como el que está planteado con la Unión Europea. De allí la importancia de salir por nuestra cuenta, con decisión política y profesionalismo técnico, en aras de una inserción más dinámica que es una inmejorable apuesta para lograr un desarrollo sustentable.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad de hacerlo. Se topará con la resistencia de los retrógrados de siempre, pero contará con el apoyo mayoritario de quienes entienden que entre el romanticismo inconducente del bolivarianismo-peronista y la defensa del interés nacional no puede dudarse seriamente.

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