Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Un mural para Adam Smith

La idea de la Intendencia de Montevideo de homenajear a Karl Marx con un mural en nuestra ciudad con motivo del bicentenario de su nacimiento ha desatado cierto revuelo, pero no todo el que merece y ciertamente desenfocado.

Seguramente han sido más productivas las mesas de debate sobre su pensamiento y algunas conferencias que han tenido lugar en los últimos meses, pero la idea del reconocimiento oficial a su figura demuestra algunas características de nuestra cultura en las que vale la pena detenerse.

Como filósofo y economista Marx ha sido —qué duda cabe— uno de los más influyentes de la historia. Si bien poco o nada de su pensamiento se ha mantenido en pie con el paso del tiempo y ha sido la ruina de las sociedades que le hicieron caso, hay personas que siguen fieles a su prédica. Las referencias religiosas no son casuales, el marxismo se parece más a una religión que a una ideología o a una forma pretendidamente científica de análisis de la realidad, en claro contraste con las premisas de una sociedad abierta, como planteó con acierto Popper.

Las consecuencias de la aplicación de las ideas de Marx han sido en todos los casos nefastas, contándose los muertos por millones y arruinando la vida de muchos más. Es que el comunismo, por definición, es incompatible con la libertad, con la posibilidad de que las personas escojan sus propios proyectos de vida y de que puedan colaborar libre y espontáneamente con sus semejantes, aunque los fanáticos de esta religión secular sean inmunes a la evidencia.

De todas formas, asumamos que en aras de la pluralidad de manifestaciones es acertado que se homenajee al autor del Manifiesto Comunista. Después de todo, si promueve la lectura de sus obras será provechoso ya que, como se sabe, un marxista es alguien que leyó a Marx y un antimarxista es alguien que lo entendió. La cuestión de fondo es el direccionamiento oficial de este tipo de reconocimientos en que nuestro país muestra su cara más intolerante. Se blande el argumento de la pluralidad para celebrar a personajes intolerantes como Marx o el Che Guevara, pero se niegan reconocimientos a verdaderos prohombres que sí realizaron aportes relevantes a la humanidad.

Me voy a detener en un solo caso: ¿por qué no realizarle el mismo reconocimiento a Adam Smith? Como una de las cumbres de la Ilustración escocesa el aporte de Smith a la comprensión de la naturaleza humana, la filosofía política y la economía es una de las figuras decisivas de la historia. Además, gracias al sistema que defendió, el liberalismo, es que la humanidad ha progresado en términos institucionales, culturales y materiales. Al liberalismo le debemos la democracia, los derechos humanos, las libertades individuales, el progreso material y la propia tolerancia, y Smith fue uno de los pioneros en entenderlo y explicarlo.

Así como se llamó a concurso para realizarle un homenaje a Karl Marx, el intendente Martínez debería llamar a otro para destacar a Adam Smith. Sería una verdadera muestra de amplitud y de laicidad bien entendida, en contraste con la conducta habitualmente hemipléjica que caracteriza a nuestro inveterado laicismo. Daniel Martínez ha demostrado ser una persona abierta al diálogo y al intercambio respetuoso de ideas. En este tema tiene la oportunidad de brindar un gran mensaje.

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