Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

El momento de la oposición

El tercer gobierno del Frente Amplio ha tenido un comienzo mucho más borrascoso de lo presagiable. Habiendo triunfado ampliamente en la segunda vuelta, Vázquez formó su gabinete en tiempo récord y sin consultar a nadie (recordemos a Topolansky puchereando porque tenía una lista de nombres para ocupar cargos y no pudo reunirse con el presidente).

El tercer gobierno del Frente Amplio ha tenido un comienzo mucho más borrascoso de lo presagiable. Habiendo triunfado ampliamente en la segunda vuelta, Vázquez formó su gabinete en tiempo récord y sin consultar a nadie (recordemos a Topolansky puchereando porque tenía una lista de nombres para ocupar cargos y no pudo reunirse con el presidente).

En marzo realizó un discurso de estadista ante el Parlamento, homenajeó a los expresidentes Sanguinetti, Lacalle y Batlle, y habló sobre los objetivos y planes del gobierno.

A poco más de seis meses cuesta reconocer al presidente de la República. Ha perdido en todos los temas relevantes en la interna de su partido y lo ha aceptado con una llamativa resignación.

Por estos días sumó otra perla al collar. Cuando tomó la decisión de abandonar las negociaciones por el TISA, varios voceros del oficialismo dijeron que fue a cambio de que no se tocara el Presupuesto. Amén de la confesión del chantaje, quedó la duda si esta vez el Frente iba a respaldar, o al menos a respetar, a su presidente. La respuesta ahora está clara, una vez más le pasaron por arriba “reasignando” recursos que le quitaron a su plan estrella, el sistema nacional de cuidados.

La conclusión es inequívoca, la interna del propio Frente Amplió impedirá cualquier iniciativa en el sentido correcto, pero no pueden descartarse barrabasadas de los radicales que Vázquez no pueda frenar. Más claro aún, no habrá reforma de la educación, ni TISA, ni TPP, ni acuerdo comercial alguno, ni nada verdaderamente relevante.

Perdemos el tiempo escuchando a María Julia Muñoz hablando acerca de los cambios en el ADN de la educación o a Rodolfo Nin Novoa manifestando que estudiará el ingreso al TPP, son absolutamente intrascendentes.

Ante esta situación, lamentable para el Uruguay que seguirá (en el mejor de los casos) durmiendo la siesta mientras el mundo avanza, es momento para que la oposición recupere la iniciativa.

Para eso es indispensable ir más allá de la necesaria reacción a las medidas del gobierno e ir a fondo en la defensa de las ideas y valores que la distinguen del Frente Amplio. En particular el Partido Nacional, que es por decisión soberana el principal partido opositor.

Las posiciones del posmodernismo en que se despreciaban las ideologías ya están obsoletas, la realidad las desmintió. No es cierto que todos pensemos lo mismo y que lo único que se elige son gobiernos más o menos eficientes, para eso ni vale la pena votar. Hay diferencias de fondo, reales y sustanciales, que hay que animarse a exhibir con legítimo orgullo.

También hay que ser inteligentes y creativos. La receta no es tirar ladrillos a todo lo que se mueva, hay que ser muy críticos, sin dudas, pero también muy propositivos, con sentido común y fundamentos. Incluso, si hay margen, poner el hombro para las iniciativas que valgan la pena.

Es tiempo de pasar de la oposición cerril a la construcción de un relato alternativo que defienda principios como los derechos naturales del ser humano, la concordia nacional sobre la lucha de clases y el lugar del Uruguay en el mundo. El país no necesita una versión mejorada de un oficialismo que se derrumba, necesita una alternativa republicana y liberal. 

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