Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La mirada a Argentina

En el artículo anterior prometíamos iniciar una serie sobre el pensamiento de Keynes y Hayek. La promesa se mantiene, pero deberá postergarse una semana, ya que creo insoslayable compartir algunas ideas sobre la situación de la República Argentina.

Las crisis continuas de nuestros vecinos, su recurrente inestabilidad, sus causas y consecuencias merecen algún análisis desde la vecina orilla, aunque nos resulta casi inasequible comprender su devenir político.

Los resultados de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias, al no registrarse competencia interna en los partidos, terminó en una gran encuesta que en buena medida parece presagiar lo que ocurrirá en la elección de octubre. La holgada victoria de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner sobre la oficialista Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto conmovió a Argentina por su contundencia. Salvo que ocurra alguna circunstancia excepcional en los dos meses que quedan de campaña, presenciaremos el retorno a la Casa Rosada del partido derrotado por el macrismo cuatro años atrás.

No es fácil analizar a la Argentina con objetividad, pero vamos a intentarlo. El gobierno de Macri heredó una situación extraordinariamente difícil, con una economía postrada, un alto déficit fiscal, estadísticas oficiales truchadas, elevadísimos niveles de corrupción, cepo cambiario y proteccionismo feroz, entre otros problemas. Algunos los intentó corregir y comenzó un proceso de normalización de la desquiciada economía kirchnerista, pero las presiones políticas y la opción por no hacer olas lo llevaron a no tomar las medidas para reducir el desbalance fiscal y poner las cuentas públicas en camino a una trayectoria sustentable.

Esta fue la bomba que le estalló al gobierno de Macri, cuando las condiciones de la economía internacional amagaron a ser peores y reducir el tiempo para corregir los problemas fiscales de fondo. Con la pérdida de confianza llegó la devaluación, el rebrote inflacionario, la recesión, el aumento de la pobreza, del desempleo y el pedido de ayuda al Fondo Monetario. Al final, comenzó a procesar un ajuste de mala manera, presionado y apurado por las circunstancias, luego de que el mercado le pasara la factura por la imprudencia.

Los malos resultados económicos también le terminaron pasando una factura política al macrismo, y allí está, qué duda cabe, la principal explicación de su traspié electoral. Luego de conocidos los resultados de las primarias, nuevamente el mercado le pasó el aviso a la Argentina que no puede vivir apostando contra su propia suerte, al estilo de las declaraciones sobre la selectividad de pagos a sus acreedores de Alberto Fernández. Hoy se encuentra en un limbo político y económico que puede durar hasta que asuma el próximo gobierno, si es que no se dan señales claras por parte de gobierno y oposición respecto al cuidado de las reglas de juego políticas y económicas.

Las medidas que tomó el gobierno demuestran que no dan por perdida la elección, aunque el terreno de la disputa ahora sea un festival populista. En cualquier caso, parecen avecinarse tiempos muy complejos para los hermanos argentinos, lo que es especialmente lamentable en un país con condiciones objetivas para volver a ser potencia en el mundo.

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