Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

McCloskey en Uruguay

Días atrás tuvimos la visita de la economista norteamericana Deirdre McCloskey en Montevideo.

De sus múltiples actividades me gustaría concentrarme en el tema de la conferencia que brindó organizada por el Centro de Estudios para el Desarrollo, que llevó por título “Los fundamentos del progreso”.

Los últimos tres libros de la profesora McCloskey abordan el principal tema de la economía; por qué desde hace unos 200 años la humanidad comenzó a abandonar el estado de pobreza generalizado que había caracterizado hasta entonces toda su historia.

Existen distintas respuestas para este asunto; la tesis institucional plantea que son las reglas de juego, como el establecimiento efectivo del derecho de propiedad la razón fundamental; la tesis de la política económica defiende que los cambios hacia la apertura y la libre competencia fueron claves para el cambio; otra vertiente, la basada en la cultura, afirma que son los cambios en las ideas predominantes, los valores, la percepción sobre los fenómenos sociales, los que conducen al gran enriquecimiento de los últimos dos siglos. McCloskey es una de las autoras más destacadas a nivel internacional que defiende ésta última tesis.

En su excelente trilogía sobre “virtudes burguesas”, McCloskey desarrolla sus ideas demostrando una lucidez y una cultura poco frecuentes. En el primer libro, “Las virtudes burguesas” plantea cuál es la base ética para la sociedad comercial. En un minucioso estudio de esos valores que posibilitaron el crecimiento, apuntando a dos aspectos claves: la nueva dignidad y valoración del emprendedor, antes mal visto y condenado, y la nueva libertad de que gozaron las personas para llevar adelante iniciativas, antes vedadas.

En su segundo libro, “La dignidad burguesa”, McCloskey desarrolla la historia económica que sustenta su tesis y explica por qué la economía solamente no puede explicar el mundo moderno. Allí va descartando las tesis más comunes, como que el crecimiento se debe a la acumulación de capital, la ética protestante, el carbón, ni el comercio, ni la explotación, ni el tráfico de esclavos, ni el imperialismo. El crecimiento por un factor de al menos 16 por el que creció la riqueza en el mundo se debe a un cambio en las ideas, argumenta persuasivamente la autora.

En su tercer y último libro, “La igualdad burguesa”, se aborda la cuestión desde el punto de vista sociológico y las defensas y ataques de los intelectuales al “innovismo”, término que McCloskey prefiere a capitalismo. El crecimiento económico, pese a la crítica de numerosos intelectuales que suelen entender poco de economía, benefició masivamente a los más pobres. También argumenta la poca relevancia que tiene la desigualdad económica, inevitable y positiva mientras sea producto de transacciones voluntarias, ya que lo relevante es la igualdad de acceso y de permiso, vale decir, que las personas tengan los mismos derechos y la misma dignidad.

Nadie está peor porque Bill Gates o Steve Jobs se hayan hecho millonarios vendiendo un producto que la gente valoraba, por el contrario, mejoran la vida de muchas personas. Vale la pena prestarle atención a las ideas de McCloskey, que no en vano ha estado en la lista de los candidatos al Nobel de Economía en los últimos años.

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