Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La mala educación

Quizá la noticia más llamativa del comienzo de la campaña electoral rumbo a las internas sea que Tabaré Vázquez ha salido a defender la gestión del gobierno en los dos temas en los que notoriamente hace agua: seguridad y educación. Y no ha sido una defensa a medias tintas sino que ha dedicado sus primeras apariciones a querer convencer a los uruguayos de que están equivocados y que en realidad vivimos en ese país de primera que prometieron y que nunca llegó. El extravió en cuanto a la inseguridad llega al extremo de afirmar que mantendría a Bonomi como Ministro del Interior, lo que no puede ser un premio a su gestión sino un acto de terquedad.

Quizá la noticia más llamativa del comienzo de la campaña electoral rumbo a las internas sea que Tabaré Vázquez ha salido a defender la gestión del gobierno en los dos temas en los que notoriamente hace agua: seguridad y educación. Y no ha sido una defensa a medias tintas sino que ha dedicado sus primeras apariciones a querer convencer a los uruguayos de que están equivocados y que en realidad vivimos en ese país de primera que prometieron y que nunca llegó. El extravió en cuanto a la inseguridad llega al extremo de afirmar que mantendría a Bonomi como Ministro del Interior, lo que no puede ser un premio a su gestión sino un acto de terquedad.

El mismo nivel de desvarió alcanzan las apreciaciones de Vázquez sobre la situación de la educación. La negación de la realidad más evidente, la que viven y sufren los uruguayos a lo ancho y largo del país por el deterioro inocultable del sistema, es la estrategia definida. Más preocupado por la interna y el posible crecimiento de Constanza Moreira que por el país, el ex presidente baja al subsuelo el debate de la campaña con argumentos infantiles y malas imitaciones de Jorge Larrañaga, en una actitud difícil de comprender salvo que, parafraseándolo, lo esté alcanzando la biología.

Los datos sobre la educación que Vázquez niega estólidamente muestran un panorama muy complejo, que compromete seriamente el futuro del país. Negarlo sólo puede conducir a postergar los cambios que son a todas luces imprescindibles. La información oficial del CODICEN, la de las pruebas PISA y el más elemental análisis clínico nos llaman a reaccionar con urgencia.

Recientemente una encuesta de la consultora CIFRA da cuenta de lo que piensan los uruguayos sin margen a las interpretaciones. El 57% opina que la educación que se ofrece en escuelas y liceos públicos necesita muchos cambios y sólo 7% que es adecuada. La evolución es contundente, mientras que en marzo de 2013 el porcentaje de quienes pensaban que la educación necesitaba muchos cambios era 48% hoy es nueve puntos superior. La situación de Montevideo es sensiblemente peor que la del interior, y la preocupación alcanza a todos los tramos de edad, identificación ideológica y partidaria. Incluso entre los votantes frentistas, claramente más realistas que su candidato, el 49% piensa que se necesitan muchos cambios. En definitiva Vázquez y su país de las maravillas sólo es visto por menos de 1 de cada 10 uruguayos.

Hoy sabemos que si la campaña va a ser la que pretende Vázquez no va a ser la que necesita el ciudadano que espera respuestas. Todos nos merecemos un debate serio, porque lo que está en juego es demasiado importante, incluidos naturalmente sus propios votantes que sufren los mismos problemas que blancos, colorados e independientes.

La transformación del sistema educativo, con todas sus trabas y complejidades producto de intereses políticos y corporativos ajenos a los estudiantes, es sin dudas el principal desafió que debe encarar nuestro país. Si no lo enfrentamos satisfactoriamente el deterioro social y cultural que avanza día a día nos devolverá una sociedad irreconciliable con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Seamos plenamente conscientes a la hora de votar de que quien ignora los problemas no es capaz de resolverlos.

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