Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Keynes y Hayek, la Teoría General

En 1936 se publicó la Teoría General del empleo, el interés y el dinero de John Maynard Keynes, uno de los clásicos del siglo XX, que confirmó el estatus de su autor como el economista más relevante de su tiempo.

Paul Samuelson, otro de los economistas más influyentes (también de los más ubicuos) de la centuria pasada, lo definió en estos términos: “Es un libro mal escrito, mal organizado; cualquier lego que, seducido por la previa reputación del autor, haya comprado el libro, ha sido estafado en 5 chelines. No es adecuado para usos docentes. Es arrogante, malhumorado, polémico, y no excesivamente generoso en su gratitud. Abunda en falsedades y confusiones... En resumen, es la obra de un genio”.

Un juicio más ácido sobre la obra, pero no desacertado, es el de Henry Hazlitt: “He sido incapaz de encontrar en él una sola doctrina importante que sea a la vez cierta y original. Lo que es original en el libro no es cierto, y lo que es cierto no es original”.

Sin embargo, la influencia de la obra de Keynes confirma el aserto de que no hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento. El liberalismo clásico venía en declive desde hacía décadas, en términos académicos y políticos, y el ambiente era propicio para el intervencionismo, especialmente luego de la crisis de 1929. La idea de que el mercado es intrínsecamente inestable, de que no podía confiarse en los “espíritus animales” de los empresarios para lograr el pleno empleo y, por tanto, de que era necesaria la intervención del gobierno para lograr el pleno empleo flotaba en el ambiente. Keynes le dio vía libre a la ambición de los políticos por dirigir la economía y mostrar los resultados de su gestión, lo que legitimó su proceder.

La conversión de economistas al keynesianismo fue casi completa en pocos años, convirtiéndose en la doctrina oficial como antes lo había sido el liberalismo. Hasta la década del setenta, en que el shock del petróleo llevó la estanflación a las economías con estados elefantiásicos, las ideas de Keynes reinaron casi sin cuestionamientos.

Mientras tanto, Hayek comenzó a enfocarse en sus temas más célebres, lo que denominó el proyecto sobre “el abuso de la razón”. Su crítica se dirigiría al socialismo y al intervencionismo, desde un enfoque en que buscaba integrar distintas áreas del conocimiento, apartándose de los áridos terrenos de la economía monetaria. Su biógrafo Bruce Caldwell define este momento: “Hayek tomo otro camino, alejándose del estudio tradicional de la economía para embarcarse en una serie de estudios integrados, donde elementos de economía, teoría política, jurisprudencia, filosofía de la ciencia y la filosofía de la mente, entraban en juego.”

Keynes y Hayek mantuvieron su última charla en Cambridge en enero de 1946, tres meses antes de la muerte del autor de la Teoría General. Allí Hayek le manifestó su preocupación por el extremismo de algunos keynesianos sobre el avance del Estado, más allá de lo recomendado por el propio Keynes.

Su respuesta fue que en caso de que llegara a ser peligroso él podría cambiar a la opinión pública nuevamente, y que esas ideas fueron necesarias en su momento. Lamentablemente, poco después Keynes falleció con solo 62 años y no presenció la degeneración del keynesianismo.

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