Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Joel Mokyr en Montevideo

Hace unas semanas estuvo de visita en Montevideo el profesor Joel Mokyr, uno de los principales historiadores económicos en la actualidad y un teórico destacado dentro de la corriente que le asigna un papel central a la cultura como determinante último del crecimiento económico.

Varios de sus libros son referencia ineludible en estos temas y su última obra A culture of growth: The origins of modern economy (Una cultura del crecimiento: Los orígenes de la economía moderna) ha tenido en los últimos dos años gran repercusión.

Gracias a la iniciativa del instituto Ridge y de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República pudimos escucharlo en nuestro país. Además, la Universidad tuvo la feliz iniciativa de nombrarlo profesor emérito, una distinción muy merecida por la obra académica del profesor Mokyr. En la entrega de este reconocimiento en el Paraninfo el premiado brindó una conferencia dónde desarrolló algunas ideas que en comentario apretado me gustaría compartir con los lectores.

Existen hoy en el mundo visiones enfrentadas sobre las consecuencias de la tecnología sobre el desarrollo económico y social, la capacidad de crecimiento de los países más ricos, los efectos sobre el mundo del trabajo y hasta sobre su influencia en las relaciones sociales. En este debate, en el que simplificando podemos agrupar a sus protagonistas en optimistas y pesimistas, Mokyr claramente se ubica entre los primeros.

El desarrollo científico, tanto el teórico como el práctico, y en especial cuando ambos se encuentran, como ha estudiado Mokyr en su obra, han sido siempre capaces de mejorar la calidad de vida de las personas. Hoy la expectativa en el mundo es cada vez mayor, cada vez más gente llega a edades avanzadas con mejor estado de salud, la dieta ha mejorado, la pobreza extrema ha caído hoy a su mínimo histórico por debajo del 10%, los años de educación promedio siguen aumentando, las guerras se reducen y una larga lista de etcéteras demuestra con evidencia pura y dura que el estado del mundo va mejorando.

Esto no quiere decir que no existan situaciones humanitarias dramáticas o que no nos enfrentemos a desafíos importantes en materias vitales como el medio ambiente, pero no se puede desconocer que para resolver los problemas que están sobre la mesa partimos de una situación mejor que nunca antes en la historia.

Al final su conferencia el profesor Luis Bértola, uno de nuestros mejores historiadores económicos, le preguntó a Mokyr que pensaba sobre la desigualdad, tema que no había mencionado en su charla. Mokyr contestó que el asunto se había puesto de moda a partir del célebre y cuestionable libro de Thomas Piketty El capital en el siglo XXI pero que no era un tema que le preocupara. De hecho, desde todos los puntos de vista relevantes la desigualdad era cada vez menor. Hoy las crecientes clases medias comen prácticamente lo mismo que los ricos, tienen casi la misma expectativa de vida de los ricos, viven en casas con similares comodidades y usan los mismos celulares. Desde el punto de vista de acceso a bienes y servicios, destacó, la desigualdad es un problema cada vez menos importante. Un comentario particularmente destacable por provenir de uno de los mayores historiadores económicos hoy en el mundo y por el espacio desmedido que suele ocupar el tema en la academia vernácula.

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