Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Las inversiones del ajuste

El lunes el presidente Vázquez, secundado por el Consejo de Ministros en pleno formado como cuadro de fútbol, presentó el plan de inversiones para el quinquenio. El extemporáneo anuncio, a poco de que se presente el presupuesto nacional, puede llamar la atención de quien no haya seguido las noticias de las últimas semanas y el clima que se fue generando.

El lunes el presidente Vázquez, secundado por el Consejo de Ministros en pleno formado como cuadro de fútbol, presentó el plan de inversiones para el quinquenio. El extemporáneo anuncio, a poco de que se presente el presupuesto nacional, puede llamar la atención de quien no haya seguido las noticias de las últimas semanas y el clima que se fue generando.

El gobierno, consciente o inconscientemente, azuzó con algunos anuncios en línea con el ajuste que viene practicando, la sensación de parate que sufre la economía. Las marchas y contramarchas con el Antel Arena y las pautas para los consejos de salarios, verbigracia, contribuyeron a generalizar la opinión de que el panorama económico tiende a complicarse.

El gobierno, y el presidente en particular, decidieron salir a jugar fuerte para satisfacer los reclamos de los sectores más radicales de su partido y del Pit-Cnt que exigen políticas “keynesianas” y se oponen frontalmente al “ajuste neoliberal” de Astori. La señal que quiso dar Vázquez fue que la economía no está en crisis y que su administración va a tener un papel activo en la dinamización de la inversión en los próximos años a través de un ambicioso plan de obras públicas.

En lo simbólico y gestual el anuncio del lunes fue claramente contradictorio con lo que venía pregonando el Ministro de Economía, que estaba preparando el terreno para un presupuesto mesurado. En los hechos, el presunto magaplan es parte coherente de esta estrategia. El gobierno sigue intentando aplicar un ajuste fiscal, al menos hasta que se entre a toquetear el presupuesto en el Parlamento, y la presentación del lunes fue, en realidad, un engañapichanga de vuelo corto. Basta analizar un poco los números para comprobar que el gigante, en realidad, era un enano en zancos. El plan de inversiones anunciado para 2015-2019 ronda los 12.370 millones de dólares. La descomposición muestra que los rubros priorizados son energía con 4.230 millones, vialidad con 2.360 millones, infraestructura social con 1.870 millones y vivienda con 1.320 millones.

Una primera observación es que no representa un aumento en términos reales respecto al quinquenio anterior y en realidad es una disminución en relación al PIB de la economía. Más aún, del total proyectado aproximadamente un tercio, unos 4.200 millones de dólares, se prevén llevar adelante mediante el mecanismo de la participación público-privada (PPP). Dado el fiasco del período anterior y el anuncio del gobierno de que no piensa modificar la ley que es uno de los principales inconvenientes para que esta herramienta funcione ¿por qué piensa el Ejecutivo que ahora sí va a ser efectivo? Sin una ley más garantista para los inversores y un Estado más proactivo en la presentación de proyectos la realidad no modificará, desperdiciando el país un mecanismo decisivo para su crecimiento.

Si se analizan más en detalle las obras, la cifra exigua de poco más de 8.000 millones de dólares que queda sin las PPP es incluso menor y absolutamente insuficiente para rubros claves como la infraestructura vial, puertos o el siempre pospuesto ferrocarril, en que se necesitan inversiones muy superiores a las anunciadas. El tiro al presidente le salió por la culata, desnudando que también en el plano de las inversiones el gobierno está en ajuste.

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