Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Inserción y desarrollo

La reciente cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) finalizó en lo que casi unánimemente se consideró un fracaso, ante la falta de anuncios concretos.

Para demostrar el momento basta ver los argumentos que esgrimen los más optimistas, que consideran que una de las buenas noticias de la conferencia ministerial desarrollada en Buenos Aires fue que Estados Unidos no anunció su retiro del organismo.

Los caminos de la OMC para abrir el libre comercio hoy parecen más bloqueados que en el pasado, pero tampoco se puede caer en el catastrofismo, basta recordar que en la crisis internacional de 2008 2009 logró desempeñar un papel clave para evitar un resurgimiento proteccionista a nivel global que hubiera amplificado los efectos de la recesión. Asimismo, debe recordarse que el libre comercio siempre encuentra enemigos formidables en los dogmatismos proteccionistas, en los intereses corporativos y en los demagogos de izquierda y de derecha que están de moda en el norte y el sur del mundo.

Si bien hay pocas opiniones tan compartidas y extendidas entre los economistas como que el libre comercio es beneficioso en el largo plazo para todos los países sus detractores han existido en todas las épocas, pese a lo cual la globalización es un hecho y por la vía de acuerdos bilaterales, entre bloques o con nuevas configuraciones sigue avanzando.

Hoy en el mundo se negocian una multiplicidad de acuerdos de todo tipo y aunque es cierto que Estados Unidos se está replegando en sí mismo, ese espacio de liderazgo lo está ocupando sin perder el tiempo China que ya no solo es la locomotora del crecimiento mundial, sino que empieza a jugar un rol de liderazgo que en lo comercial está resultando positivo.

Ante este panorama, parece claro que Uruguay ha estado perdiendo el tiempo en la última década larga, delegando su inserción internacional en un Mercosur que hasta lo que parece cerrado, como el acuerdo con la Unión Europea, siempre tropieza con nuevas dificultades y para colmo amenaza con salir dejando pendiente un rubro fundamental para nuestro país, como la carne.

Se ha argüido que Uruguay avanzó por la vía de los hechos al aumentar el número de países de destino de nuestras exportaciones. Esto, en primer lugar, no es cierto y, en segundo lugar, sería insuficiente. En 2004 Uruguay exportaba a 146 países y en 2016 aumentó apenas a 156 países. Esta diversificación se debe, además, exclusivamente al esfuerzo del sector privado, que debe competir con empresas ubicadas en países que cuentan con tratados de libre comercio. Este es uno de los principales temas estructurales que complican nuestra competitividad y por el que poco se ha hecho en los últimos años.

En el último evento público de este año del Centro de Estudios para el Desarrollo, Nicolás Albertoni, uno de nuestros especialistas más preparados en materia de inserción internacional, presentó un indicador de vulnerabilidad comercial, que mide a qué mercados cada país accede con preferencias y a cuantos no. Este indicador, actualmente, es de 10% para Australia, de 22% para Nueva Zelanda y de 45% para Uruguay. No se puede mirar más para el costado, ya hemos perdido demasiado tiempo, debemos avanzar de una buena vez en una inserción internacional proactiva, inteligente e independiente.

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