Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Expulsados del Paraíso

Por primera vez desde que gobierna el Frente Amplio se produce desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) una revisión a la baja en las proyecciones de crecimiento. El anuncio lo realizó el propio Ministro de Economía Mario Bergara en una entrevista con la cadena Bloomberg en Nueva York y en inglés, escenario obviamente preferible a un almuerzo de ADM dónde ante toda la atención de la prensa local se prefieren dar buenas noticias.

Por primera vez desde que gobierna el Frente Amplio se produce desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) una revisión a la baja en las proyecciones de crecimiento. El anuncio lo realizó el propio Ministro de Economía Mario Bergara en una entrevista con la cadena Bloomberg en Nueva York y en inglés, escenario obviamente preferible a un almuerzo de ADM dónde ante toda la atención de la prensa local se prefieren dar buenas noticias.

El recorte no es menor, pasa de 4% para el corriente año a 3%, confirmando algo que era evidente a pesar de ser negado mil veces por el oficialismo. Uruguay no ingresó en una “nueva etapa” en que su tasa de crecimiento se estabilizaría en el 4% para siempre. A partir del reconocimiento de esta realidad debe asumirse la gran paradoja que enfrenta la actual conducción; luego de 11 años de crecimiento tenemos una situación fiscal frágil, una de las inflaciones más altas del mundo, una evidente pérdida de competitividad con aumento de costos empresariales, y todo esto mientras aún dura la bonanza.

El problema central radica en la incoherencia de la política macroeconómica, esto es, la falta de coordinación entre la política fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos. No es esperable grandes cambios en un año electoral por lo que probablemente este año veamos agudizar los problemas que viene padeciendo la economía uruguaya.

La desaceleración se confirmaría en 2014 por cuarto año consecutivo. Las consecuencias se van a empezar a sentir paulatinamente en el mercado de trabajo y naturalmente en las cuentas públicas. Al menor crecimiento le va a seguir un mayor déficit fiscal, por tanto, debemos esperar que sea superior al ya elevado 2,4% del PIB proyectado por el MEF.

La inflación también aparece como un problema difícil de resolver. Luego de que enero marcara el mayor incremento mensual del Índice de Precios al Consumo desde la crisis de 2002, una vez más queda descartado que el Banco Central pueda cumplir la meta que se fija a sí mismo. Sabemos que el verdadero objetivo de inflación es mantenerla por debajo del 10%, lo que nos seguirá ubicando como uno de los países con mayor inflación del mundo. A veces se arguye que este asunto no es relevante, porque hace décadas, en todo el mundo la inflación era de cientos o miles por ciento. Pero es irrelevante, viene a confirmar justamente que hoy (que es lo que importa) estamos fuera de lo que es un manejo sano de la macroeconomía.Otro problema que tiende a agudizarse son los costos que pesan sobre las empresas y la pérdida de competitividad que otrora llamábamos llanamente atraso cambiario. El tema va mucho más allá del tipo de cambio, porque todos los costos pesan hoy mucho más que hace diez años sobre cualquier actividad y es un formidable obstáculo al crecimiento hoy y hacia adelante.

Es bienvenido el reconocimiento por parte del Poder Ejecutivo de que no estábamos en el paraíso al amparo de toda perturbación como machaconamente se había empeñado en sostener, pero con eso no alcanza. Hoy queda claro que la conducción económica no fue el modelo de eficiencia y prolijidad que nos vendieron y los costos los va a pagar toda la sociedad uruguaya. Nos queda esperar que la fortuna nos ayude a no desbarrancar, hasta que el país pueda tener otra conducción, seria y responsable.

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