Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Durmiendo la siesta

La Semana Santa impactó por noticias que llegaron desde el exterior y otras que ocurrieron en nuestro país. Los atentados en Bruselas mostraron, una vez más, el rostro cruel del terrorismo ensañado con víctimas inocentes.

La Semana Santa impactó por noticias que llegaron desde el exterior y otras que ocurrieron en nuestro país. Los atentados en Bruselas mostraron, una vez más, el rostro cruel del terrorismo ensañado con víctimas inocentes.

Le plantea a Occidente, además, el tremendo desafío de combatir a ISIS hasta el exterminio sin comprometer la esencia que lo diferencia de los bárbaros, que es la convicción de que el fin no justifica los medios.

Las visitas de Barack Obama a Cuba y Argentina también fueron relevantes por varias razones. El discurso del presidente norteamericano defendiendo la democracia liberal y los derechos humanos desde el Gran Teatro de La Habana transmitido en cadena a toda la isla, valió el viaje y demuestra el acierto de la nueva estrategia yankee. La Libertad se abre camino en Cuba y a los Castro, como presagió Fidel, los juzgará la historia.

La presencia de Obama en Argentina, en cambio, tiene el símbolo de la vuelta a la normalidad que procura el gobierno de Macri, luego de los años de desquicio y corrupción desenfrenada del kirchnerismo. La apertura de nuestros vecinos al mundo es un proceso que no nos será ajeno, por acción u omisión, y al que vale la pena estar atentos.

Fronteras adentro hemos presenciado, con dolor, la eclosión de la violencia que sufre nuestra sociedad. Por los más disímiles barrios de Montevideo, por las más diversas causas, personas realizando cualquier tipo de actividad, fueron asesinadas salvajemente en nuestras calles. La situación de inseguridad no es nueva, pero la seguidilla de pérdidas de vidas en circunstancias trágicas es impactante.

La inverosímil respuesta oficial, personificada en las vociferaciones del ministro Bonomi, consistió en explicar los hechos, adjudicar responsabilidades ajenas y sugerir conductas. La única medida anunciada es el botón del pánico para los taxis, lo que no parece ser nada parecido a una solución para la dramática situación que sufre el país.

Nada nuevo bajo el sol: el mundo se mueve mientras el Uruguay duerme la siesta. Impávidos frente a la realidad internacional e inútiles para resolver nuestros problemas, estamos inermes ante una realidad que nos abofetea con el deterioro gradual e irrefrenable de nuestra calidad de vida.

Nuestra política exterior es bochornosa principalmente porque no tenemos política exterior. Hemos perdido 11 años sin firmar un solo tratado esperando torpemente que el Mercosur se mejore por gracia divina. ¿Qué va a pasar en los próximos cuatro años? Nada, ya sabemos que Vázquez no gobierna, que a Nin nadie en su Partido le hace caso y que los radicales están felices cuanto más aislados estemos.

Lo mismo ocurre con los temas internos, verbigracia, la situación de creciente inseguridad, pero lo mismo podría decirse de la reforma del Estado o la educación. Sabemos que estamos en problemas, sabemos que cada vez vivimos peor y sabemos que no estamos haciendo nada al respecto, pero no reaccionamos. ¿Qué podemos esperar en los próximos cuatro años? Nada, Bonomi ya demostró que no puede con el tema y Vázquez lo va a mantener para cuidar los equilibrios políticos internos del oficialismo.

Por más vueltas que le demos al asunto estamos en punto muerto, en un mundo en que hasta Cuba está cambiando, mientras nosotros nos resignamos a chapotear en el estiércol en que nos hundimos.

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