Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Dirección y urgencia

El presidente Vázquez participó esta semana en una nueva cumbre del Mercosur en que nuestro país recibió la presidencia pro tempore del bloque. Allí realizó un discurso en que pretendió sacar al acuerdo del solipsismo en que se encuentra desde hace un buen tiempo, planteando una agenda interesante pero, a la luz de los hechos, de difícil concreción, por lo que seguramente conduzca a una nueva frustración con el magullado Mercosur.

Vázquez manifestó que "no estamos dispuestos a perder el tiempo en negociaciones eternas" y que no es afín a "firmar un acuerdito" con la Unión Europea. Le reprochó, además, que existió mayor voluntad para avanzar en otros acuerdos y concluyó: "El Mercosur actúa con seriedad, con responsabilidad, queremos trabajar positivamente por el bien de los mercosurianos, no queremos firmar cualquier acuerdo".

Amén de las fórmulas de compromiso que deben efectuarse al asumir la presidencia, da la sensación de que nuestro presidente no está teniendo en cuenta algunos factores relevantes en este asunto. En primer lugar, el Mercosur ya ha demostrado largamente que está dispuesto a perder el tiempo, de hecho, el acuerdo con la Unión Europea se viene negociando y se anuncia que está próximo a concluirse desde que este columnista tiene uso de razón. En segundo lugar, las diferencias de estrategias que tienen los países que integran nuestro bloque comercial hacen que sea muy complejo ponerse de acuerdo sobre qué negociar y con quién. Y, en tercer lugar, es claro que, si bien el presidente de la República y el canciller Nin Novoa están alineados en cuanto a la necesidad de acuerdos comerciales, su propio partido político termina trancando esa posibilidad.

Vázquez está interesado en avanzar en un acuerdo con China, pero serán los propios socios del Mercosur los que se lo impidan, por lo que, si la preocupación es no seguir perdiendo el tiempo, no parece el camino más productivo. El presidente también parte de un diagnóstico equivocado respecto de la situación del Mercosur y el continente cuando afirmó que el Mercosur es "el único proceso de integración que funciona en la región latinoamericana". Existen al menos dos errores, a saber; el Mercosur no funciona y existen otros procesos de integración a todas luces más exitosos, verbigracia, la Alianza del Pacífico, que en pocos años logró lo que el Mercosur no alcanzó en más de dos décadas.

Lo que verdaderamente sería útil para el Uruguay es promover un sinceramiento del Mercosur, admitiendo que hay aspectos del acuerdo que no funcionan y que nunca van a funcionar porque existen legítimos intereses contrapuestos y a partir de esta realidad flexibilizar las rigideces que han quedado fuera de tiempo. Dicho en otras palabras, si Vázquez quiere aprovechar la presidencia pro tempore debe promover una reforma sustancial del Mercosur para que deje de ser una jaula y se transforme en la plataforma de regionalismo abierto que alguna vez aspiró a ser.

Uruguay ya perdió demasiado tiempo y la falta de acuerdos comerciales pesa en la competitividad de nuestras empresas en un mundo en el que no avanzar es retroceder. El país necesita dirección y sentido de urgencia, en inserción internacional como en tantos otros temas.

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