Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Día de la Libertad

Mañana 9 de noviembre se conmemora un nuevo aniversario de la caída del muro de Berlín, y es el día en que se celebra, acertadamente, el día de la Libertad. 

Ese episodio que marca la caída del socialismo real representa un mojón importante de la historia en que cientos de millones de personas dejaron de sufrir bajo un sistema oprobioso que cercenó literal y metafóricamente sus vidas.

De acuerdo con el libro negro del comunismo y otras estimaciones, el comunismo fue responsable directo de unos 100 millones de muertes. El mes pasado el Parlamento Europeo aprobó la llamada Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, en que se condenan los crímenes perpetrados por los regímenes nazi y comunista a lo largo del siglo XX. La resolución es de estricta justicia, poniendo, además, en pie de igualdad a los totalitarismos, aunque el segundo tenga mejor prensa por los intelectuales que aún lo defienden desde la comodidad de la democracia liberal.

Sería ingenuo, sin embargo, no admitir que desde la caída del muro la democracia y el libre mercado no han avanzado todo lo que sería deseable en el mundo, casi tanto como no reconocer que las condiciones generales de vida han mejorado sensiblemente especialmente en los países que caminaron alejándose de la represión política y económica.

Sabemos que los países que alcanzan mejores condiciones de vida son aquellos que logran tener una democracia estable, un Estado de Derecho sólido que respete los derechos humanos, las libertades individuales, la libertad de expresión, y todos los aspectos que conciernen a las condiciones políticas de la democracia liberal. También sabemos que los países que se desarrollan tienen mercados libres, defienden el derecho de propiedad, son abiertos al mundo, tienen una moneda sana y una regulación que no asfixia al sector privado, entre otras condiciones que determinan la libertad económica.

Sin embargo, los caminos de la historia no son lineales, y muchos países parecen avanzar zigzagueando y otros ni siquiera eso. La democracia liberal y la economía de mercado enfrentan crecientes desafíos a varias bandas: populismos de izquierda y derecha con rebrotes xenófobos y proteccionistas, gobiernos de mano dura frente a los fracasos de combatir la inseguridad, manifestaciones sociales que denotan creciente insatisfacción en países que han logrado avances extraordinarios, retrocesos democráticos dolorosos y violaciones de los derechos humanos impunes.

No existen soluciones sencillas para el progreso de los países, pero la lección que dejan las décadas transcurridas desde la caída del muro arroja algunas pistas. No alcanza con afirmar que el capitalismo es la única alternativa, hay que defenderlo en términos éticos y pragmáticos. No es suficiente con afirmar que la democracia llegó para quedarse, hay que defenderla todos los días, especialmente cuando se la degrada en el debate público y con acciones concretas. Hay que recordar también, para que la memoria perviva, que el comunismo, el fascismo y el nazismo fueron sistemas criminales desde su concepción a su ejecución, y quienes los reivindican y los defienden son enemigos declarados de la humanidad.

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