Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Tiempo de definiciones

La situación del Mercosur se deteriora semana a semana con nuevos anuncios inconducentes, reuniones truncas o parciales, alineamientos en un bloque de solo 5 miembros, entre algunos de una larga lista de problemas que se van sumando.

La situación del Mercosur se deteriora semana a semana con nuevos anuncios inconducentes, reuniones truncas o parciales, alineamientos en un bloque de solo 5 miembros, entre algunos de una larga lista de problemas que se van sumando.

Más allá de lo episódico, como la llamada de la canciller venezolana al canciller uruguayo que despertó la hilaridad del último en plena conferencia o las declaraciones cruzadas, es más importante concentrarse en lo sustantivo. ¿Qué le conviene hacer a Uruguay?

Dejando de lado visiones ideológicas perimidas por el tiempo y la historia, nuestra preocupación desde el Uruguay debe ser sencillamente el mejor interés nacional. El equívoco concepto de patria grande o la peregrina idea de que existe un interés continental que deberíamos atender por alguna razón teológica se ha dado de bruces con la realidad. Más para un país chico como el nuestro, frente a otros más grandes y que en general han sido más profesionales (en especial en el caso de Brasil) en su política exterior. Parece un exceso pretender que debamos velar por una entelequia fantasmagórica como la patria grande.

Despejado ese punto, está claro que el berenjenal en que nos encontramos es consecuencia de los desatinos acumulados en la última década (si no antes) y en particular desde el indecoroso ingreso de Venezuela al bloque. Aquí hay que reconocer un error del que deberíamos deshacernos lo antes posible que es el de la integración política. El bizantino parlamento del Mercosur es un extravío que debería abolirse cuanto antes y replantearse, en todo caso, el regreso a la integración económica y comercial originaria si eso fuera posible.

A esta altura del partido es difícil que el Mercosur pueda volver a ser una entidad que funcione medianamente bien, pero en todo caso al Uruguay parecen abrírsele solo dos alternativas razonables: salir del bloque o permanecer y actuar como si estuviera afuera.

Salir del bloque aún en las actuales circunstancias tiene costos, porque seguramente sea difícil convencer en el corto plazo a Argentina y Brasil de firmar tratados de libre comercio luego de saltar del barco que naufraga. En todo caso, igualmente debería realizarse un estudio serio y detenido de los beneficios y perjuicios estrictamente comerciales de la permanencia en el bloque, sabiendo como sabemos que los costos han tendido a aumentar.

La alternativa a la salida no es “más y mejor Mercosur” como debería estar suficientemente claro. Es permanecer para mantener el acceso a los mercados vecinos en la forma más o menos constante que ha tenido desde la creación del acuerdo pero actuando hacia afuera en forma independiente y soberana. En particular, esta estrategia supone no seguir esperando absurdamente que el Mercosur concrete acuerdos que sabemos que nunca llegarán sino buscarlos activamente y en forma profesional por nuestra cuenta.

Nuevos acuerdos con Chile o con la Alianza del Pacífico son medidas acertadas en este sentido, así como la búsqueda de oportunidades, que existen, a nivel global. No se puede ignorar que esta estrategia tiene el difícil escollo de la intransigencia de la mayoría del oficialismo, pero cada vez es más evidente que algo por el estilo es la única estrategia sensata para el desarrollo del Uruguay.

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