Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Coyuntura económica

La coyuntura económica que atraviesa el país, con claros síntomas de desaceleración, no es reciente pero parece que la preocupación recién asalta a la opinión pública.

La coyuntura económica que atraviesa el país, con claros síntomas de desaceleración, no es reciente pero parece que la preocupación recién asalta a la opinión pública.

La economía uruguaya no entrará en crisis, pero vivirá un panorama, en particular en este semestre, muy similar al estancamiento. La caída de las exportaciones, los datos sobre el mercado de trabajo en general, y la pérdida de puestos en la construcción en particular, son elocuentes al respecto. Las pautas salariales que quiso fijar el Ministerio de Economía, la efímera suspensión del Antel Arena y el recorte en la publicidad de las empresas públicas, dieron la señal de que desde el Ejecutivo, en la antesala de la presentación del Presupuesto quinquenal, se cobraba conciencia de la situación que atraviesa el país.

Ahora queda en evidencia que se cometieron graves errores en la conducción económica desde 2005. El aumento del gasto público al mismo ritmo que el crecimiento de la economía en una etapa exuberante, fue un yerro inexcusable que nos coloca en una situación fiscal comprometida. Si el gobierno actual debe realizar un ajuste es porque cuando se debió ahorrar no se hizo. Hubiera bastado con que el gasto creciera un poco menos, para haber formado un fondo de estabilización que hoy nos permitiría enfrentar la situación sin ajustes recesivos como los que se están aplicando y seguramente se continuarán instrumentando.

Vale decir, el curso de acción que pretende seguir el equipo económico es el más razonable en las actuales circunstancias, pero dista mucho de ser el óptimo y eso se debe a que lo que los mismos protagonistas hicieron en los últimos 10 años fue pésimo. Ya no quedan muchos defensores de la conducción económica del astorismo de 2005-2014, pero recordemos que buena parte de la oposición y de los analistas económicos se comieron la pastilla y alababan su seriedad y profesionalismo.

Mirando hacia adelante, incluso el camino de ripios que hoy nos proponen seguir encuentra obstáculos dentro del propio oficialismo. La forma en que debió recular el astorismo ante el embate del mujiquismo, el Pit-Cnt y aliados, con las pautas definidas para los Consejos de Salarios y la efímera suspensión del Antel Arena, despiertan una razonable preocupación ante la disyuntiva de que una política económica más irresponsable aún gane terreno.

No debemos olvidar que el eje MPP-Partido Comunista-Sendic y buena parte del Partido Socialista hoy están alineados en una postura radical que pretende aumentar el gasto fuertemente en la discusión presupuestal. Con un déficit que se acerca a los 2.000 millones de dólares y una relación deuda-producto en el 60% se parece mucho a una invitación a saltar al precipicio. Ni hablemos de la incongruencia aritmética y el dislate conceptual de utilizar las reservas internacionales para financiar gasto corriente.

El astorismo debe dejar de lado la cantinflada del “espacio fiscal”, para no dar lugar al ataque demagógico al presupuesto que vendrá de sus propios compañeros, y plantear un presupuesto muy prudente porque en la discusión parlamentaria lo van a cocinar. Esta es la disyuntiva actual, consecuencia del laberinto cretense en que nos metieron, del que solo podremos salir bien con paciencia, ponderación y suerte. 

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