Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Camino de Servidumbre

Cuando un hombre dedicado por profesión al estudio de los problemas sociales escribe un libro político, lo primero es decirlo abiertamente.

Este es un libro político” escribió Friedrich Hayek en el prólogo original de su libro más conocido, Camino de Servidumbre, en 1944. Llamado a ser un clásico, al punto de que cada tanto remonta a la lista de libros más vendidos en Amazon, es indudablemente el más político de Hayek, lo que se explica por su contexto; la segunda guerra mundial en curso, el predominio del keynesianas en Inglaterra y Estados Unidos y un clima de ideas en dónde el libre mercado y la democracia liberal se habían devaluado peligrosamente.

Hayek había publicado en 1941 La Teoría Pura del Capital, un libro de largo aliento tras años de estudio, en buena medida cerrando su estudio de la teoría monetaria. Desde 1930, en distintos trabajos venía adelantando lo que sería Camino de Servidumbre. En 1933 había escrito un informe titulado “Nazi-Socialismo” en el que argumentaba que el nazismo era un movimiento socialista, no la degeneración del capitalismo como argüían los intelectuales británicos de izquierda.

En 1938 publicó un artículo en la misma línea “La libertad y el sistema económico”, que tuvo una nueva versión ampliada al año siguiente.

Hayek preveía un trabajo de más largo aliento, que parcialmente plasmó en sus obras de las décadas siguientes, pero consideró necesario apurar el trabajo para alertar a los británicos del inmenso valor de su tradición cultural e institucional que parecían dispuestos a tirar por la borda a los socialistas fabianos que en casos como los de Sydney y Beatrice Webb llegaba a la idolatría con el régimen soviético.

Indudablemente, también el keynesianismo era uno de los blancos del trabajo, ya que la planificación económica entrañaba peligros para el funcionamiento del libre mercado y de los derechos individuales de los según Hayek pensaba, la mayoría de la población no era consciente.

La dispersión de información y las preferencias de cada persona al interactuar libre y voluntariamente en el mercado, dentro de un marco institucional que podemos definir como el buen funcionamiento de un Estado de Derecho, con reglas generales, imparciales y universales, se coordinaban a través del mercado de forma que sería absolutamente inviable para cualquier coordinador, por mejores intenciones que tuviera. A su vez el Estado, en aras de objetivos muchas veces loables, al excederse en sus funciones por fuera del marco institucional preestablecido, limitaba la libertad económica y afectaba los pilares del desarrollo del orden espontáneo.

Keynes manifestó su “profundo acuerdo” con el libro “moral y filosóficamente” aunque también señaló discrepancias prácticas y lanzó una de las grandes preguntas que Hayek intentaría responder en las décadas siguientes: ¿Dónde trazar la línea para la acción admisible del Estado? El propio Hayek admitía varios fines que llevaron a autores libertarios como Ayn Rand a calificarlo como un entreguista.

Más allá de las numerosas críticas que recibió, Camino de Servidumbre se convirtió en un éxito editorial, fue popularizado en versiones resumidas e incluso en caricaturas y su advertencia resonó fuerte y clara, aun en tiempos de predominio keynesiano.

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